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Conozca - Actores del mentoreo

Por Billy Saint

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Durante más de veinte años, mi esposa y yo servimos como líderes juveniles en la misma congregación. Después el Señor nos permitió recorrer el país ministrando a líderes juveniles de diferentes denominaciones durante casi una década.

En todo ese tiempo conocimos a muchos líderes de jóvenes con un corazón pastoral, bastantes años de experiencia y un testimonio de fidelidad y santidad. Sin embargo, pasan los años y esos mismos líderes siguen limitados en su tarea pastoral sólo al grupo juvenil, cuando podrían ser enviados para abrir nuevas iglesias y pastorearlas. Además, conocemos a muchos pastores de iglesias locales muy sobrecargados de responsabilidades y con la salud deteriorada, o bien de edad avanzada; situaciones que limitan su desarrollo pastoral.

Ambas realidades contradictorias llamaron mi atención: por un lado, pastores que necesitan delegar parte de su tarea en otros, y por el otro lado, ministros jóvenes con disposición y capacidad para ayudar a sus pastores, aunque sin tener oportunidad.

Esto me llevó a investigar la razón por la cual hay tan pocos pastores jóvenes. Con el fin de brindar propuestas que permitan a los pastores actuales encaminar a sus ministros más jóvenes hacia el cumplimiento de su llamado pastoral publiqué mi investigación y propuestas en el libro Mentoreo de Pastores Jóvenes. A continuación, se comparte algunos aspectos de ésta.

Cada generación de pastores debe formar a la siguiente. Si no lo hace, no habrá pastores aptos para ministrar a la próxima generación de la Iglesia del Señor y eso será perjudicial. Las Escrituras nos hablan mucho acerca de tomar en serio la responsabilidad de transmitir la fidelidad de Dios a la siguiente generación. Algunos ejemplos son Deuteronomio 6:6-7, Salmos 145:4; 78:2-8; 71:18, Zacarías 8:4-5, 2 Timoteo 2:2.

La vida no se trata sólo de cumplir nuestro propósito, sino de ayudar a otros a alcanzar todo su potencial y avanzar en el propósito que Dios trazó para ellos. Algunos líderes han demostrado una asombrosa consagración a la obra de Dios por décadas, pero parecieran no haber entendido la importancia de formar a una nueva generación que sirva a Dios. El resultado es que, cuando el pastor falta, su arduo trabajo se desvanece y sus frutos se pierden.

Llevamos adelante la importante tarea de traspasar el ministerio de una generación a otra a través del “mentoreo”. Pero ¿qué es mentoreo? Es la dedicación de una persona de ir al lado de otra persona para ayudarla a llegar a ser todo lo que ella puede ser, ayudándola a expandir su potencial de desarrollo de liderazgo. Es ayudar a otra persona a crecer en sus habilidades, carácter y conocimiento, en un área señalada de la vida. Es una relación entre dos (o más) personas que se influencian mutuamente, una como mentor y otra como mentoreada.

Para que el mentoreo tenga lugar se requiere de alguien que se interese en él desde temprano. Un mentor es una persona que cree en otra menos experimentada que él (o ella) en algún área de la vida. Tanto el mentor como el mentoreado se interrelacionan, es decir, no puede haber un mentor si no hay un mentoreado, y el éxito de la relación de mentoreo depende mucho de ambos.

Tenemos cuatro relaciones mentoreales básicas en la vida: una hacia arriba, con los que buscamos para ayudarnos a nosotros mismos; una hacia abajo, con aquellos que nosotros mismos mentoreamos; la tercera y cuarta son a los costados, de mentores colegas (amigos, compañeros, cónyuges).

Como vemos, un mentoreado puede tener múltiples mentores y desarrollar una relación mentoreal con varios al mismo tiempo, o en diferentes momentos de su vida. Describiremos ambos roles a continuación.

El mentor

El mentor no es un profesor en el sentido tradicional; más bien es un facilitador. Entonces necesitamos facilitar más que dictar. Lois Zachary, experto en mentoreo, dice que facilitar se trata de escuchar, facultar, entrenar, desafiar, enseñar, colaborar, asistir, auxiliar, apoyar, agilizar, simplificar, avanzar y alentar.

Los mentores son más bien compañeros de viaje para sus mentoreados. Son promotores de otros, personas con quienes se puede hacer resonancia sobre ideas y planes. Son hermanos y hermanas mayores que encaminan, acompañan, abrazan, animan y hacen preguntas inductivas.

En su excelente libro Mentoreo Magistral, James Osterhouse y Gary Teja afirman que “un mentor es alguien que cultiva gente. Eso es lo que hacen los mentores: que la gente crezca. Son una especie de jardineros maestros que ponen una semilla en la tierra, la riegan y la fertilizan. Eventualmente la nueva planta llega a ser aquello que tenía que ser, produce flores o frutos; se reproduce en otras semillas para iniciar el proceso completo de nuevo. Un mentor es como un jardinero. El producto debe ser un crecimiento, una iglesia saludable”.[i]

Un mentor exitoso se caracteriza por un espíritu amigable y generoso. Debe estar listo para transmitir conocimiento de una manera amable y desinteresada. Tiene que estar dispuesto a darlo todo, y a ser completamente abierto y honesto. Debe convertirse en un amigo para el mentoreado: antes de hablar sobre el ministerio, debe enfocarse en construir una relación de confianza con el mentoreado.

Igual que Jesús, los líderes que mentorean siempre tienen personas que los rodean, y aprovechan cada oportunidad para entrenarlos. Al mismo tiempo, reconocen que pueden invertir solamente en la vida de unos pocos a la vez. Un mentor ve la necesidad de invertir en dos o tres; en aquellos a quienes Dios ponga en su corazón y merezcan una inversión adicional de tiempo, energía, sudor y lágrimas.

Características de un buen mentor

Un buen mentor es un escuchador activo en vez de ser un dador de consejos. Le corresponde escuchar más que hablar. Escucha de manera empática. El acto de escuchar puede tener cualquier cantidad de respuestas, pero primero es necesario escuchar. Laurent Daloz asevera que “escuchar es una intervención poderosa, quizá la más poderosa que tenemos en calidad de mentores”.[ii] La gente quiere un tambor que resuene. Quieren ser escuchados, no dichos.

Un buen mentor:

Trata con los momentos de la vida “justo a tiempo”, muy atento y aprovecha todas las instancias en las que el mentoreado está más receptivo y aprende más.

Ayuda al mentoreado a ver cuáles son las opciones y explorar diferentes ideas, guiándolo a ser creativos en la resolución de problemas o el abordaje de proyectos.

Inspira, un líder emergente necesita ser alentado, ser afirmado en lo que él o ella hace en la iglesia local. Los mentoreados necesitan a alguien que crea en ellos. Por eso los buenos mentores continuamente animan, reconocen la importancia del esfuerzo y del ministerio.

Es un pensador crítico y enseñan a sus mentoreados a tener criterio propio. Lo hacen a través de preguntas inductivas, de tal manera que el mentoreado descubra por sí mismo si hay algo por corregir.

Pregona la amistad y relaciones de cuidado. Demuestran su cuidado por muchos gestos prácticos de amor y amabilidad.

Promueve el crecimiento y desarrollo personal. Muchas veces los mentoreados se sienten vacíos. Están secos. Mentores eficaces ayudan a llenar el tanque al proveer recursos tales como artículos en internet, libros gratis, y consejos sabios que ayudarán a ser más efectivo.

Un buen mentor desafía a cosas mayores.

Recibe la comida diaria de Jesús en su tiempo devocional personal. Está lleno del Espíritu Santo y entonces modela lo que han recibido del Maestro.

Conductas que los mentores han de evitar

En el libro Mentoreo Magistral se mencionan algunas conductas que todo mentor debería evitar:

Dar consejos muy libremente: Se pueden cortar rápidamente las líneas de comunicación si el mentor falla en escuchar y es demasiado rápido en dar consejos. El mentoreado no necesariamente quiere una solución a su problema, simplemente quiere y necesita ser escuchado.

Criticar: A nadie le gusta ser criticado, especialmente cuando acaba de compartir un problema en el que se encuentra. Una vez más, el mejor consejo es escuchar.

Salir al rescate de su mentoreado: un buen mentor proveerá a su mentoreado de una instrucción oportuna, a fin de que pueda hallar la salida por sí mismo, retomar su curso de acción y cumplir su tarea.

Levantar barreras innecesariamente: Es decir, poner piedras de tropiezo en el camino de nuestros mentoreados.

Ignorar el por qué: Pasar por alto las razones por las que la gente dice o actúa como lo hace, es perder la esencia misma del momento. Por eso es muy saludable, durante la conversación, hacer preguntas como ¿Por qué dijiste lo que dijiste? ¿Por qué hiciste lo que hiciste?

Menospreciar: Minimizar lo que el mentoreado puede hacer por sí mismo, y toma decisiones que el mentoreado debería tomar. El mentor debe creer en el potencial de su mentoreado, animarlo y brindarle esperanza.[iii]

El mentoreado

Gordon Shea define a la persona que está siendo mentoreada como “alguien que hace un esfuerzo por evaluar, interiorizar y usar efectivamente su conocimiento, habilidades, ideas, perspectivas, o sabiduría ofrecida… alguien que busca ayuda y la usa apropiadamente para propósitos de crecimiento cuando fuere necesario”.[iv]

El mentoreado:

No es clon de nadie, es un individuo que es ayudado en el camino a fin de desarrollar su carácter único. El mentoreado es también un adulto que aprende.

Es el experto que tiene las respuestas en sí mismo. Trabajar con un entrenador le permite a la persona descubrir las respuestas.

No es un sujeto succionador pasivo de todo lo que su mentor puede ofrecer. La adopción del término mentoreado ubica mayor responsabilidad en él mismo. Se espera que él o ella sea más proactivo en la relación.

Se podría pensar que en una relación de mentoreo, el mentor es el más importante. En algunas maneras sí lo es. Pero por otra parte los dos son de igual importancia. Considero que es más la responsabilidad de aprender del mentoreado, que la responsabilidad de enseñar del mentor. En una relación de mentoreo, los mentoreados tienen una mayor responsabilidad.

Características de un buen mentoreado

Un buen mentoreado:

Asume responsabilidad de su propio aprendizaje. Necesita ser importante para él o ella.

Es un escucha activo y proactivo. Necesita oír lo que su mentor le dice y luego determinar qué hacer. Además, debe ser proactivo en su deseo por cambiar.

Aprende a lo largo de toda la vida. Se aprende de los problemas resueltos y de las tareas logradas, pero también de equivocaciones confrontadas.

Es transparente, abierto y franco con su mentor. No retendrá información vital acerca de sí mismo. Debe ser honesto en cuanto a sus deficiencias y necesidades; y comunicar los problemas con claridad.

Si el mentoreado reúne estas características, entonces la relación de mentoreo tiene una probabilidad fuerte de ser exitosa. El mentoreado alcanzará el conocimiento, las destrezas y el corazón necesario, para llevar sus tareas en la iglesia local empoderado por el Espíritu Santo.

La relación mentoreal

Mentorear necesita ser una relación significativa. Mientras mayor sea la intencionalidad pongan ambos en la relación, mayor será la calidad de esta. Ninguna relación de mentoreo tiene el propósito de durar toda la vida. Las relaciones mentoreales sanas están basadas según metas, e incluyen un entendimiento mutuo de la importancia tanto del inicio como del cierre de la relación.

Uno de los mayores obstáculos para el surgimiento de pastores jóvenes es la falta de comunicación entre la generación actual de pastores y la emergente. Esto no les ha permitido acercarse, consensuar y así trabajar juntas a favor de la extensión del Reino.

Veremos una nueva generación de pastores jóvenes levantarse en la medida que los pastores y líderes actuales tomen el desafío de mentorearlos, y en la medida que los ministros jóvenes procuren y permitan ser mentoreados por sus pastores.

Por Billy Saint (Córdoba, Argentina)

Pastor de la Unión de las Asambleas de Dios.

Director de la Editorial Biblia para la Vida.

[i] Osterhause, James y Teja, Gary. El mentoreo magistral, (Red de Multiplicación 2014), 167.

[ii] Daloz, Laurent. Effective teaching and mentoring, (San Francisco: Jossey – Bass Publishers, 1999), 205.

[iii] Osterhause y Teja, 114-115.

[iv] Shea, Gordon, Heldping employees reach their potential, (New York: American Management Association, 1994), 3.

 

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