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El hablar en lenguas através de la historia

Por Jorge Canto

 

Desde el libro de los Hechos, en el Nuevo Testamento, donde la glosolalia (hablar en otras lenguas) se relaciona directamente con el bautismo del Espíritu Santo hasta nuestros días los pentecostales pueden ver una relación de continuidad clara, es decir, que la manifestación de la glosolalia sigue vigente y que, aunque ha habido períodos de silencio respecto a esta manifestación, la realidad es que este don no ha dejado de manifestarse ni lo dejará de hacer jamás.

Todo lo contrario piensan los detractores de esta doctrina pentecostal. Los llamados cesacionistas niegan que el don, es decir, la glosolalia y sus subsecuentes carismas, dejaron de existir bien temprano en la historia de la iglesia debido, según ellos, a su innecesaria actividad, pues una vez concluida su función, terminaron por ser superfluas y obsoletas para el desarrollo futuro de la iglesia.

George Gardiner, gran opositor al movimiento pentecostal moderno, en su virulento argumento contra las lenguas, escribe de la siguiente manera:

“Raba sabada kilabata saja ribaaa siiiivavvvaaaa dadadada saba Dababa derrasahaabadibababa dadada…”, si los apóstoles se hubieran puesto a proferir esas idioteces, seguro que nadie les habría entendido lo que decían, sino que habrían hecho un total ridículo.[1]

El célebre cesasionista Cleon Rogers, pese a que su estudio ha sido ya varias veces refutado, se sigue citando como autoridad por los detractores del pentecostalismo moderno, expresó lo siguiente:

Después de examinar el testimonio de los primeros lideres cristianos, cuyo ministerio representa prácticamente cada área del imperio romano desde aproximadamente 100 a 400 d. C., surge la idea de que los dones milagrosos del primer siglo expiraron y no se necesitaron más para establecer el cristianismo. Además, es muy evidente que incluso si el don existiera, a pesar de todo testimonio que lo contradiga, no era una experiencia cristiana ni normal, ni esparcida. La única referencia clara de algo similar a dicho fenómeno está conectada con el hereje Montano y con aquellos influenciados por su punto de vista erróneo sobre el Espíritu. Toda la evidencia apunta a la verdad de la profecía de Pablo cuando dice: “cesarán las lenguas.”[2]

Si en verdad el argumento se basa en que “los dones expiraron” y de que “no era una experiencia cristiana ni normal, ni esparcida” bastaría mostrar que en ninguna parte de la Escritura se menciona jamás  doctrinalmente la cesación de los carismas, los milagro y las lenguas. El falsamente sonsonete cesacionista, basado en una clara eiségesis de 1 Corintios 12: 1Co 13:8  … pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará, para apoyar el argumento de que ya ni la profecía ni la las lenguas son necesarias, es falso. El cesacionista clásico pretende utilizar la expresión “cuando venga lo perfecto” del 12:3 como interpretación de “cierre del canon,” cuando clara y simplemente, según el contexto con 13:12,  es una referencia al estado pleno, es decir, de cuando estemos con el Señor y le veamos cara a cara. El texto no manifiesta un cese de actividad sobrenatural, como las lenguas, por un cierre de canon.

Este tipo de argumentación es muy común entre los reformados. Ellos no se tientan el corazón a la hora de forzar una interpretación de 1 Corintios que en realidad no tiene. Simplemente se busca forzar una interpretación inexistente para conformarla a su doctrina de cesación del carismata.

Por otro lado, no es difícil ver en esos versículos que en el estado de perfección futuro, al mismo tiempo, cesarían las lenguas, la profecía y toda ciencia. Se debe entender que “profecía” aquí no se refiere exactamente a la actividad pentecostal producto de una carismática como el de 1 Corintios 14, sino en general, a aquellas expresiones que los profetas que, desde Génesis hasta Apocalipsis, han expresado por el Espíritu Santo. Es decir, todas las profecías bíblicas escritas, al verse cumplidas, se darán por terminadas.

Las lenguas, al mismo tiempo que la ciencia, dejará de ser funcional porque la iglesia estará ya con el Señor, así que la actividad glosolálica que hoy tiene varias funciones (tal como ser “señal” a los incrédulos: 1 Corintios 14:22) ya no tendrá dicho destino por ser ya innecesaria para ello. La ciencia, por igual, tendrá en “lo perfecto” plena satisfacción por tener al Rey de Reyes como luz a todas las naciones, por ello, tampoco la búsqueda del saber tendrá objeto.

No hay verdadero argumento que indique que la actividad carismática del Espíritu Santo cesaría en algún momento de la historia, todo lo contrario, el apóstol Pedro claramente dijo en el libro de Hechos 2:39a  “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos”, es decir, que todas las manifestaciones en ese momento observables eran también para las generaciones por venir.

Respecto al supuesto silencio en torno al tema de la glosolalia en la patrística y posterior es otro de los obstáculos que se pretenden esgrimir contra el hablar lenguas y los carismas relacionados a ella. Pero utilizando los mismos argumentos cesacionistas podríamos aplicarles la misma regla respecto al paidobautismo, es decir, al bautismo de infantes que ellos practican como doctrina importante. Leamos, por ejemplo, cómo un reformado como Luis Berkof argumenta a favor del bautismo de infantes de la siguiente manera: “No hay mandato explicito [de la Biblia][3] de que los niños deban ser bautizados. Esto es perfectamente cierto, pero eso no desaprueba la validez del bautismo infantil.”[4] ¿El argumento del silencio no es válido para aplicarlo al paidobautismo pero sí a la glosolalia?

Como quiera que fuese, podemos echar un vistazo a la historia para ver si existen ejemplos que nos permitan ver si existiera o no referencias de glosólalos a través del devenir cristiano histórico.

Tenemos algunas fuentes que nos permiten ver que el don de lenguas y la profecía han seguido vigentes en la historia humana:

Ireneo, en su obra Adversus Haereses, 5.6.1, en 180 d. C. dice lo siguiente:

Por eso dice el apóstol: “Entre los perfectos predicamos la sabiduría” (1a Co. 2:6). Con el nombre de “perfectos” designa a los que han recibido el Espíritu de Dios y hablan todas las lenguas gracias a ese Espíritu, como él [es decir, “el apóstol”] mismo las hablaba, y como oímos hablar también a muchos hermanos que tienen carismas proféticos en la Iglesia, hablando toda clase de idiomas gracias al Espíritu, ponen al descubierto los secretos de los hombres para su provecho, e interpretan los misterios de Dios.[5]

Tertuliano, en su obra De la exhortación a la castidad, menciona:

Porque los apóstoles tienen apropiadamente al Espíritu Santo, quienes lo tienen a Él completamente, en las operaciones de la profecía, y la eficacia de las virtudes (sanadoras), y la evidencia de las lenguas, y no parcialmente, como todos los demás.[6]

Siglos después, en la Edad Media, se le atribuía a los “santos” el poder de hablar en lenguas.[7]

La persecución de Luis XIV contra los protestantes franceses del siglo XVII produjo a los  llamados profetas franceses de la región montañosa de Cévennes, en el sureste de Francia. Los registros describen fenómenos extraordinarios: trances, desmayos. temblores y sonidos glosolálicos. Algunos de los camisardos, como se les conocía, escaparon a Inglaterra, donde más tarde obligaron a John Wesley a prestar atención a la glosolalia. Wesley (1703-91) defendió teóricamente la relevancia contemporánea de los carismata y pensó con amabilidad en los montanistas.[8]

Edward Irving (murió en 1834), un presbiteriano escocés, comenzó predicando un movimiento de restauración de los dones espirituales para la iglesia. Los Irvingitas de Inglaterra buscaron el don de hablar en lenguas. Sus iglesias tenían apóstoles, profetas y los que hablaron en lenguas. [9]

El uso que hace Carroll de Gregorio Nacianceno, Basilio de Cesarea y León I es dudoso, pero Hilario de Poitiers (c. 300–376) y Ambrosio parecen haber hecho referencia al ejercicio del hablar en lenguas en su época.[10]

Dentro del pietismo alemán, el movimiento de los Hermanos Moravos es de gran importancia. Su fundador fue el conde Nicolás von Zinzendorf (1700–1760), en Hernhut, Sajonia, Alemania. Estaban relacionados con el pietismo de Jacobo Spener y de Augusto H. Francke, pero su celo se expresó por lo general en proyectos misioneros. Admiradores del movimiento, como Juan Wesley (1703–1791), estaban sorprendidos por la profundidad y simplicidad de su confianza en Dios. En Inglaterra fueron criticados por haber reavivado la glosolalia.Los líderes moravos no estaban a favor de la glosolalia, pero Zinzendorf creía que este don había sido dado originalmente en función de la expansión misionera. De hecho, con frecuencia había lenguas en las reuniones moravas.[11]

Un día, el apóstol Pablo fue a Éfeso, discipuló a unos creyentes nuevos y a consecuencia de ello fueron bautizados con el Espíritu Santo hablando nuevas lenguas y profetizando: Hechos 19:6 “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban“. El texto proporciona evidencia fehaciente de que tales lenguas y tales profecías eran totalmente legítimas, es decir, fueron auténticamente producidas por el Espíritu Santo. Aún MacArthur enfatiza esta verdad:

Por tanto, todos los grupos estaban reunidos. Y en cada caso hubo apóstoles presentes para verificar que todos recibieron el mismo Espíritu de la misma manera. Tras haberse completado el proceso, Pablo pudo escribir a los efesios que “hay un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor una fe, un bautismo” (Ef. 4:4-5) A partir de entonces, El Espíritu Santo vendría a cada corazón en la salvación, como las epístolas enseñan.[12]

Es significativa la expresión, pues habiendo el texto arriba señalado que hubo auténticas profecías de los nuevos creyentes efesos, profecías cien por ciento inspiradas por el Espíritu Santo, ¿por qué entonces no se consignaron en las Escrituras?, ¿por qué no formaron parte del texto bíblico? La respuesta es simple: eran profecías inspiradas, pero locales, similares a las de Corintios, cuya función eran para la edificación de la iglesia local, no era la meta de estas profecías auténticas incluirse, completar o añadirse al Nuevo Testamento. Cumplen la misma función de las lenguas y de las profecías que existen en la actualidad en las iglesias pentecostales, cuyo interés no es modificar el Texto Sagrado, pero al ser profecías locales tienen la bendición de ser de inspiración para cada congregación local.

Siempre se habrá de manifestar lo que la Palabra enseña como auténtico, las lenguas son señal para los incrédulos (1 Cor. 14:22). La glosolalia, la profecía y demás dones carismáticos son claramente enfatizados en el libro de Hechos no solamente para el inicio de la iglesia, como pretenden enseñar los cesacionistas, sino para todos los tiempos; de hecho, Pedro dice claramente que en realidad estas manifestaciones son para los tiempos finales, los tiempos previos al desenlace escatológico:

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

Hechos 2:16-18

[1] George E. Gardiner , La mentira satánica del pentecostalismo, 24 noviembre de 2011, última recuperación 22 de septiembre de 2015

[2] Gary S. Shogren, El Don del Espíritu Santo, (Barcelona, Esp.: Clie, 2023), 193.

[4] Luis Berkof, Teología Sistemática, (Grand Rapids, Mich.: T.E.L.L, 1987), 760.

[5] Gary S. Shogren, El Don del Espíritu Santo, (Barcelona, Esp.: Clie, 2023), 198.

[6] Strangers to Fire, When Traditions Triumphs Scripture, (Tulsa. OK.: Empowered Life, 2014), 407.

[7] Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements, (Grand Rapids, Mich.: Zondervan Publishing House, 1998), 339.

 

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