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Introducción al libro de Los Hechos

Por Nicolás Marcón

 

 

Importancia del libro

Imaginemos un Nuevo Testamento sin el libro de los Hechos: saltar de los últimos relatos de Cristo resucitado de los evangelios a la publicación de las cartas apostólicas enviadas a las diferentes iglesias del primer siglo y eso nos haría pensar en algunas preguntas cuyas respuestas no tendríamos.

¿Qué se sabría del movimiento del Espíritu Santo en la iglesia? ¿De dónde surgió el apóstol Pablo? ¿Cómo fue la transición del cristianismo vivido por los judíos pero alcanzando a los gentiles? ¿Cómo surgieron los judaizantes?  ¿Cómo aparecieron las iglesias locales destinatarias de las epístolas apostólicas? Estas y otras preguntas parecidas se podrían pensar y no tendríamos las respuestas si no fuera por la existencia del libro de Los Hechos en el Nuevo Testamento, de allí su importancia y su trascendencia para comprender el inicio y desarrollo de la iglesia.

Vale decir que en un principio el libro de Los Hechos era la segunda parte de los escritos lucanos, donde el evangelio de Lucas se constituía en la primera parte de dicha obra. Sin embargo, y siguiendo el criterio de orden establecido en la Versión de los LXX o Septuaginta para los libros veterotestamentarios, los libros del Nuevo Testamento se agruparon también por géneros literarios y quedaron separados el evangelio de Lucas, para ser parte del grupo de los cuatro evangelios, y Los Hechos como el libro histórico de la colección canónica.

 

Autor

Pretender identificar al autor de libro de Los Hechos sin considerar también la autoría del tercer evangelio no solo sería un error sino además un descuido en la investigación dado que ambas obras tienen tantos elementos en común que no se pueden obviar: los dos libros van enviados a la misma persona, Teófilo (Lc.1:1-4, Hch.1:1-2), el libro de Los Hechos se reconoce como la segunda parte del evangelio de Lucas al que se lo identifica como “el primer tratado” (Hch.1:1), y varios paralelos entre Jesús y la iglesia o algunos de sus líderes: primeros años (Lc.1:5-3:28, Hch.1-8), la unción del Espíritu Santo (Lc.3:22, Hch.2:4), el primer sermón (Lc.4:14-30, Hch.2), milagros y sanidades (Lc.4:31-41, Hch.3-4), éxito y popularidad (Lc.5, Hch.2-4), creciente oposición (Lc.6, Hch.4-8), viajes misioneros (Lc.13-18, Hch.8-23), arresto y juicios (Lc.22-23, Hch.24-26), y finalmente el clímax (Lc.24, Hch.28).  Al considerar lo expresado se reconoce por lo tanto a Lucas como el autor de Los Hechos.

Pero más allá del contenido no hay evidencia explícita en el libro de Los Hechos donde Lucas se atribuya la paternidad literaria, lo que se puede asumir como innecesario a partir del conocimiento público que se tenía de su producción literaria, dirigido no solo para Teófilo sino a toda la iglesia. Sin embargo desde el siglo II en adelante en unanimidad los padres de la iglesia reconocieron a Lucas como autor.[i]

Además no se puede ignorar la sección del Los Hechos conocida como “nosotros” (Hch.16:10, 20:5 y 27:1) donde el mismo autor incluye en su obra su diario de viaje como testigo presencial como compañero del apóstol Pablo.

 

Fecha y Destinatario

Tano Los Hechos, como el tercer evangelio, está dedicado a un tal Teófilo. El tercer evangelio es el primer tratado de la frase con la que comienza el libro de los Hechos. Teófilo parece haber sido una figura distinguida a partir de la descripción como “excelentísimo”, nombre dado a los gobernantes de Judea.

Salvo la mención bíblica de Teófilo, nada se sabe de aquella persona, lo que ha sugerido una buena cantidad de interpretaciones: sería un gobernante dueño de su esclavo Lucas quien recibiera la libertad de su amo en agradecimiento por haberlo sanado con sus capacidades medicinales, el nombre simbólico para representar a todos los gentiles cristianos, o un nombre inventado a modo de un personaje ficticio. Sin embargo, la mayoría de los comentaristas acuerdan que Teófilo fuera un personaje real, de la aristocracia, conocido por Lucas y con un gran interés por conocer a Cristo y su obra a través de la iglesia.[ii]

En cuanto a la fecha se puede utilizar la lógica histórica para determinar el tiempo aproximado en que Lucas escribió Los Hechos. Si consideramos la posible fecha del último relato del libro, es decir, arribo y estadía de Pablo en Roma en el 63.d.C.; y un acontecimiento histórico cercano imposible de dejarlo fuera del libro por su trascendencia, pero a pesar de ello no se encuentra, en este caso el incendio de Roma por su emperador Nerón el 64 d.C., estaríamos en condiciones de establecer que la fecha probable de Los Hechos fuera el año 63 d.C. como muchos estudiosos afirman.[iii]

Tema del libro

No existen contradicciones u oposiciones entre diferentes comentaristas y eruditos de Los Hechos para entrar en disputas en este punto, básicamente la idea gira en torno “al crecimiento de la iglesia, particularmente en su transición del judaísmo hacia la gentilidad cristiana”, y por lo tanto estructurar el libro a partir de lo propuesto “ser testigos en Jerusalén, toda Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hch.1:8), lo que indica los ámbitos geográficos a los que llegó:

1.- El evangelio en Jerusalén, 1:1-8:3.

2.- El evangelio en Judea y Samaria, 8:4-11:18.

3.- El evangelio a los gentiles, desde Antioquia a Roma, 11:19-28:31.

Con otros criterios; como los pueblos alcanzados, la obra de la iglesia en diferentes comunidades o tomar a los apóstoles desde su inicio, auge y posterior desaparición del relato (si se tomara a Pedro y a Pablo como los protagonistas); el tema seguiría siendo básicamente el mismo: el inicio de la iglesia; bajo la obvia limitación advertida en el texto bíblico de los límites al parecer conocidos e interesantes para Teófilo, el destinatario de Lucas – Hechos.

 

Propósito del libro

Una vez identificado el tema del libro debe considerarse cuál fue el propósito de Lucas como autor al escribir el libro de los Hechos.  Este punto sí que divide las posiciones de los eruditos, porque en función al propósito que se identifique se considerará si los Hechos es un libro bíblico meramente narrativo (y eso lo excluiría como fuente de normativa para la iglesia actual) y, por lo tanto, el Pentecostalismo se quedaría sin su mayor fuente bíblica respaldatoria; o si se toma como normativo y modelo para la cristiandad de todos los tiempos. Gordon Fee dice al respecto:

La cuestión del propósito de Lucas es al mismo tiempo lo más importante y lo más difícil,… Si se puede demostrar que el propósito fue poner una norma para la Iglesia de todos los tiempos, entonces su modelo se vuelve normativo,… En cambio, si el propósito es otro entonces tenemos que proponer las cuestiones de modo diferente.[iv]

Entonces, sería lógico pensar que Lucas no buscaba trascender como escritor a través de los años sino “escribirle a Teófilo acerca del surgimiento y desarrollo de la iglesia cristiana”,[v] a través de los hechos realizados por medio del Espíritu Santo.

Sin embargo, esto no descarta en absoluto que el autor buscara instruir a Teófilo en las doctrinas cristianas. Roger Stronstad desde una perspectiva pentecostal reconoce que:

La obra de Lucas es narrativa – histórica pero se rechaza la suposición de que dicho material carezca de intención instructiva… La forma en que Lucas desarrolló su material, tanto el evangelio como Los Hechos, indica que tenía la intención de enseñar normativas y prácticas normativas… Lo hizo específicamente para presentar temas teológicos claves y para fijar, ilustrar y reforzar esos temas por medio de episodios históricos concretos… Lucas tuvo un propósito didáctico, catequístico o instructivo, más que simplemente informativo.[vi]

A partir de la forma en que se aborde el libro de Los Hechos se determinará el propósito del mismo. De ahí que la tesis de maestría de Stronstad postulara la necesidad de resolver la metodología interpretativa de los escritos de Lucas.

Podemos reconocer entonces que Los Hechos no relata todo lo que aconteció, sino que Lucas es muy selectivo en su producción literaria y por lo tanto debe identificarse su trabajo como superador de un mero relato histórico, ya que además es teológico y didáctico a partir de su intención “de darle seguridad a Teófilo en la verdad en la que ha sido enseñado” (itálicas del autor que parafrasea Lc. 1:4) “acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar” (Hch.1.1).

 

Aplicación

El libro de Los Hechos representa la base bíblica para comprender la participación del Espíritu Santo en el origen de la iglesia, pero semejante afirmación nos dejaría una sensación de frustración e impotencia si solo se debe tomar como un registro histórico de los primeros pasos de la iglesia.

Sin embargo, al considerar, además de lo histórico, el carácter normativo y teológico de Los Hechos para la iglesia de todos los tiempos entonces la perspectiva de lectura, interpretación y aplicación cambia rotundamente ya que se constituye en una obra que nos conduce y desafía hacia la búsqueda de la experiencia pentecostal que vivieron los primeros cristianos.

No se defiende el romanticismo ingenuo de algunos que quieren volver a vivir como los creyentes de Los Hechos, sino que con una actitud seria, espiritual y enmarcada en el tiempo histórico que nos toca anhelemos la intervención sobrenatural del Espíritu Santo que hizo que la iglesia de Cristo creciera y su nombre se predicara en todo el mundo conocido.

[i] Nuevo Comentario Bíblico, Casa Bautista de Publicaciones, 1995), 665.

[ii] Ajith Fernando, Comentario bíblico con aplicación: Hechos (Miami: Editorial Vida, 2012), 49.

[iii] George O. Wood y Quentin McGhee, Hechos del Espíritu Santo (Springfield: Ministerio de Recursos y Desarrollo, 2005), 18.

[iv] Gordon D. Fee y Douglas Stuart, La Lectura Eficaz de la Biblia (Miami, FL: Vida, 1981), 83.

[v] José M. Martínez, Hermenéutica Bíblica (Barcelona: Clie, 1984), 468.

[vi] Stanley Horton, Teología Sistemática (Miami: Editorial Vida, 1994), 437.

 

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