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La mentoría en el Antiguo Testamento

 

Por Rafael Mendoza Vital

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La mentoría es una práctica ancestral, que implica un proceso relacional donde la experiencia y los valores pasan de una generación a otra. Tan solo en el Antiguo Testamento la mentoría es el medio principal para transmitir la cultura, el conocimiento y las habilidades. También es el medio para transmitir la antorcha de la fe de generación en generación. Para una efectiva mentoría es necesario el hecho de que la voluntad del mentor y del aprendiz estén dispuestos a entablar una relación con el propósito de aprender y crecer.

La mentoría ha impactado radicalmente la vida de muchas personas involucradas en la vida cotidiana y ministerial. Muchas de las acciones que realizan estas personas son el resultado de los mentores que Dios ha puesto en sus vidas. Algunos mentores fueron intencionales, otros instintivos. Pero todos han sido utilizados para lograr un impacto radical. La mentoría es el método principal de Dios para desarrollar a sus líderes.

¿Qué es la mentoría? La primera vez que se utiliza la palabra mentor es en la obra de Homero: La Odisea. El libro relata que Mentor es un hombre sabio al que se le pide que supervise la casa de Ulises, mientras él está en la guerra. Mentor tiene la tarea especial de cuidar de Telémaco, el hijo de Ulises. Mentor y Telémaco desarrollan una relación duradera a través de la cual Telémaco, su aprendiz, madura, crece y logra éxitos. Esta historia de la mitología griega da una idea del significado de las palabras mentor y mentoría.

El mentor es un asesor experimentado y confiable que capacita. Entonces mentorear es el proceso relacional entre una persona con mayor experiencia, habilidades y madurez que ayuda de manera intencional a otros (aprendiz). Así el mentor empodera mediante la transferencia de estos recursos a su aprendiz. La mentoría es una de las formas más emocionantes y efectivas de preparar a las personas para la vida, la familia, la iglesia, el liderazgo y el ministerio.

Dinámicas y roles en la mentoría

Mentoría involucra cuatro dinámicas. La primera es la atracción. El mentor busca, es decir ve el valor potencial de trabajar con el posible aprendiz, mientras que el quiera considerar al mentor como modelo. Segundo, lo relacional que se define como el espacio cómodo de confianza e intimidad. Sin duda, es necesaria una relación sólida para que la mentoría tenga impacto.

Tercero, la capacidad de respuesta. Para que tenga lugar el crecimiento integral, el aprendiz debe ser dócil, sumiso y receptivo a la dirección del mentor. Sin embargo, para generar compromiso hacia el plan de crecimiento, el mentor debe comprometerse con los pensamientos, sentimientos y aspiraciones del aprendiz, de modo que tanto el mentor como el aprendiz contribuyan a trazar juntos el camino de la mentoría. Cuarto, rendición de cuentas. El mentor es responsable de evaluar cómo progresa el aprendiz y responsabilizarlo a lo largo del camino de crecimiento.

Dependiendo del nivel de implicación con los aprendices, los mentores pueden ubicarse a corto, mediano y largo plazo. Un mentor puede desempeñar el papel de discipulador, guía espiritual, consejero, maestro y patrocinador. Un mentor puede ser una persona contemporánea que pueda ser respetada e imitada, o una figura histórica cuyas palabras y hechos se extraen de su experiencia.

En la mentoría se pueden impartir tres tipos de conocimientos. La primera es la instrucción que se da como un acto de impartir instrucciones autorizadas. Dado que suele estar cargado de contenido cognitivo, el aprendiz que recibe una instrucción del mentor puede ampliar su propia reserva de conocimientos.

El segundo tipo de conocimiento es el estímulo, que es un proceso o acción que transmite el respeto y la confianza del mentor hacia el aprendiz. El tercer tipo de conocimiento es la inspiración. El mentor inspira al aprendiz a alcanzar metas que antes parecían inalcanzables elevando las expectativas del protegido y comunicándole confianza en que puede alcanzar esas metas.

La acción de mentores veterotestamentales

La mentoría más que simplemente transmitir conocimientos sobre Dios. Implica mostrar a las personas cómo amar y servir a Dios. El concepto de mentoría es al menos, tan antiguo como el libro de Deuteronomio. Dios proporcionó un formato bíblico de mentoría iniciando dentro de la familia para garantizar que, la fe en el único Dios vivo y verdadero se transmitiera de generación en generación (Dt. 6:4-9).

La mentoría en el Antiguo Testamento jugó un papel crucial en la formación espiritual y educativa, no solo del individuo sino también dentro del contexto comunitario. También enfatiza la importancia de buscar guía y sabiduría de aquellos que tienen más experiencia. Por sobre toso, se da valor a las relaciones. La mentoría es vista como un aspecto crucial de la formación espiritual en el Antiguo Testamento porque el mentor ofrece guía y modelo a seguir para el aprendiz.

Un buen mentor en el Antiguo Testamento es el que ha desarrollado un crecimiento saludable. Es capaz de alentar y empoderar a su aprendiz para crecer integralmente. El mentor siempre muestra empatía y compasión, animando al aprendiz a acercarse a Dios y vivir una vida acorde a la Palabra. Por otro lado, el Antiguo Testamento destaca la importancia de tener un mentor que sea espiritualmente maduro y que pueda brindar orientación y apoyo a aquellos que aún están creciendo en su fe.

El Antiguo Testamento también acentúa que las relaciones de mentoría no se limitaron al género o la edad.  Se basaron en un compromiso compartido de crecer en la fe y servir a Dios. Asimismo, resalta la importancia de la comunidad y el papel que desempeña la mentoría en la construcción de una comunidad fuerte y solidaria. Esto se da al brindar orientación y apoyo mutuo. Así pueden crecer en su fe y estar mejor equipadas para servir a Dios y a su comunidad.

El Antiguo Testamento señala que la mentoría jugó un papel importante en la vida de los líderes. Los ejemplos que proporciona son bastos: José a Faraón, Jetro a Moisés, Moisés a Josué, Elí a Samuel, Samuel a Saúl y David. Los cinco profetas en diferentes momentos de la vida de David, David a Salomón, Elías a Eliseo, Débora a Barac. La mujer virtuosa de Proverbios 31 a su esposo e hijos, Noemí a Rut, Mardoqueo a Ester, Daniel a Nabucodonosor, los profetas a los diversos reyes de los reinos del norte y del sur y otros.

Estas relaciones entre mentor-aprendiz fueron cruciales en el desarrollo de estos líderes, transmitiendo conocimientos, sabiduría y experiencia de una generación a la siguiente. La mentoría se convirtió en una herramienta esencial en el desarrollo del liderazgo en el Antiguo Testamento.

La mentoría permitió transferir conocimientos, habilidades y experiencia, de líderes experimentados a líderes que estaban emergiendo. También proporcionó un espacio seguro para que aprendieran y crecieran, cometieran errores y recibieran retroalimentación. A través de relaciones de mentoría, los líderes en formación podrían desarrollar sus habilidades de liderazgo, crecer en su fe y convertirse en líderes eficaces por derecho propio.

Las características de un buen aprendiz en el Antiguo Testamento incluían humildad, capacidad de enseñanza y voluntad de someterse a la guía del mentor. Los aprendices debían tener el deseo de aprender, crecer y desarrollar sus habilidades de liderazgo. Los testimonios veterotestamentarios de la mentoría proporcionan ejemplos de relaciones que demuestran la importancia de invertir en los demás. Estas relaciones enseñan que construir conexiones sólidas con los demás es crucial en la mentoría, y es a través de estas conexiones que se aprende y crece.

El estímulo es un aspecto vital de la mentoría y puede inspirar a las personas a alcanzar su máximo potencial y alcanzar sus metas. Es valioso entender que la mentoría conlleva a invertir en los demás. Esta acción impacta a la próxima generación, además de que beneficia al mentor, ya que brinda una oportunidad de crecimiento y realización personal. Al invertir en otros, se da un impacto duradero en la sociedad y contribuye al crecimiento y desarrollo de las generaciones futuras.

Mentoría en el Antiguo Testamento era una práctica común. Cada mentor fue visto como guía que enseñaba, aconsejaba y protegía a aquellos que estaban aprendiendo. Todo en el marco de una relación cercana. El vínculo mentor-aprendiz no solo implicaba la transmisión de conocimientos y habilidades prácticas, sino también guía espiritual, apoyo emocional y formación del carácter moral. El mentor no solo enseñaba al discípulo lo que debía hacer, sino también cómo debía ser y actuar en su entorno social.

Los resultados de una mentoría ausente y distorsionada

Un examen detenido del libro de Jueces revela cuatro problemas principales con el liderazgo de esa época ante la falta de mentores: (a) después de la muerte de Josué, un líder no asumió el cargo de dirigir las tribus de Israel; (b) no se desarrollaron ni mantuvieron relaciones de mentoría; (c) los israelitas no utilizaron un liderazgo compartido, lo que resultó en autosuficiencia; y (d) los jueces no utilizaron conductas de liderazgo transformacional, lo que resultó en una ausencia de mentores y aprendices.

Como resultado de la ausencia de mentores no obedecieron el pacto con Dios, estuvo latente la tentación de abrazar el estilo de vida cananeo. Olvidaron su misión y permitieron ser moldeados a un comportamiento que contradice la voluntad de Dios.

El liderazgo carismático de los jueces se centró en la personalidad del líder más que en el crecimiento de los seguidores. Durante esta transición social y cultural, los israelitas necesitaban una reestructuración y reorganización. En este contexto, las conductas de liderazgo transformacional (es decir, consideración individualizada, estimulación intelectual, influencia idealizada y motivación inspiradora) pueden haber sido más apropiadas que el liderazgo carismático de los jueces.

En el liderazgo carismático el foco está en el líder, mientras que en el liderazgo transformacional el foco está en mejorar y evolucionar a todos los miembros del equipo para cumplir una visión común. Aunque las cualidades carismáticas de los jueces pueden indicar que Dios pretendía que desempeñaran un papel de mentoreo. Pero el enfoque en el logro individual desacreditó y desalentó las relaciones cooperativas y de ayuda. Como resultado de la estructura social y la orientación cultural, los israelitas, en su conjunto, ignoraron la guía de mentores.

Debido a que los jueces solo lideraron durante un período determinado. Los comportamientos transformacionales podrían haber ayudado a empoderar a los israelitas, haciéndolos menos dependientes del líder. El objetivo principal de la mentoría es nutrir por lo que claramente, los israelitas necesitaban de ella. La ausencia de mentoría impidió que los israelitas se acercaran más a Dios, olvidaran su credo y pacto con Dios

Implicaciones teológicas de la mentoría

Aunque la importancia de la mentoría se analiza a menudo en la literatura sobre liderazgo, los investigadores a menudo no han reconocido la importancia de establecerlo y mantenerlo en la cultura eclesiástica y ministerial. Todo el Antiguo Testamento demuestra los beneficios de la mentoría, mientras que el libro de Jueces ilustra el peligro de descuidar estos comportamientos.

Los ministros experimentados es necesario que tomen el tiempo para compartir su sabiduría y habilidades con la próxima generación de ministros, a fin de asegurar que se garantice un ministerio y una predicación eficaces y que el crecimiento de la iglesia siga siendo progresivo y fuerte. Dios introdujo la mentoría como parte de la formación de los levitas más jóvenes.

La jubilación del ministerio levítico en el templo terminaba a los cincuenta años. La continuidad de su ministerio era convertirse en mentores de la nueva generación de ministros levitas. Su tarea era enseñar, aconsejar, ayudar y acompañar en su viaje de vida a los nuevos (Nm. 8:26). Estos mentores transmitieran su juicio, sabiduría y habilidades al entender que Dios construyó un sistema de mentoría universal.

Actualmente, los investigadores teológicos se vuelven más conscientes de la noción de gestión del conocimiento en la mentoría. Es posible un área de investigación, examinar los fundamentos teológicos de la mentoría en un contexto grupal. Esto podría arrojar luz sobre la dinámica del flujo de conocimiento multidireccional entre múltiples parejas mentor-aprendiz, así como la red de interacciones entre los aprendices.

Otra área de investigación, es estudiar la intertextualidad en las Escrituras como una forma de reutilización del conocimiento para la mentoría. Esto implica investigar cómo los escritores bíblicos veterotestamentarios, que fueron mentores, se basaron en vivencias con Dios para transmitir un mensaje a sus aprendices en el contexto predominante.

Otra tercera área de investigación, podría ser la teología de la relación mentor-aprendiz en el proceso de creación de conocimiento. Aquí, la atención se centra en el desarrollo conjunto de nuevos conocimientos tanto por parte del mentor como del aprendiz, ya que se influyen mutuamente.

La mentoría entonces consiste en rendirse al proceso en lugar de controlarlo. Es decir, implica brindar el don de dar consejos y ayudar al aprendiz a convertirse en un aprendiz auto dirigido.

En consecuencia, la mentoría es un llamado a ministros, hombres y mujeres, espiritualmente maduros a caminar con los más jóvenes en su fe y entregarse a ellos. Si bien puede adoptar la forma de un programa estructurado, ciertamente no es necesario. Ser mentor es hacer y compartir la vida con aquellos que Dios ha puesto en su camino. Algunas de las mejores mentorías se dan en momentos sencillos frente a una taza de té o una conversación informal. Es tener a la persona que se necesita cuando se es más joven. A veces el mentor puede estar años por delante del aprendiz, otras veces puede estar sólo un paso por delante. Este es un llamado para todas las edades. Una persona más joven puede ser mentor de una persona mayor.

Más allá de la mentoría, el personal pastoral podría aplicar el proceso de desarrollo del modelo ilustrado a una variedad de asuntos eclesiásticos. Por ejemplo, se podría aplicar el mismo enfoque para ayudar a diseñar estrategias para misiones, llevar a cabo esfuerzos de penetración comunitaria y establecer un programa de educación cristiana. El resultado es un modelo de ministerio que no sólo está firmemente arraigado en las Escrituras, sino que también es factible y pragmático.

Por lo tanto, hoy la mentoría se convierte en una parte importante del ADN de la Iglesia, donde los ministros jóvenes y experimentados aprenden cómo participar en este arte. Esto sólo puede tener éxito si va acompañado de una rendición de cuentas y una evaluación razonables. La mentoría del Antiguo Testamento sigue generando influencia hoy para ser y hacer, es decir, ser mentor o aprendiz de acuerdo a las circunstancias de cada persona.

Bibliografía

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