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La vida del Espíritu en el libro Los Hechos como modelo de resiliencia para la iglesia de hoy

Por Herbert Grenett Ortiz

Pastor y Psicólogo clínico

 

 

El presente artículo intenta explicar cómo la vida del Espíritu manifestada en la iglesia primitiva, sirvió a los cristianos como factor protector de su salud mental y de fortalecimiento en circunstancias difíciles y extremas que vivieron. La idea es establecer algún puente de conexión, logrando contextualizar y dimensionar cómo la experiencia en el Espíritu en el tiempo de Los Hechos, podría servir como modelo de resiliencia espiritual y mental para los creyentes de la iglesia de hoy.

Concepto de resiliencia

El vocablo resiliencia tiene su origen en el idioma latín, en el término resilio, que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar … en español y francés resiliencia se emplea en el campo de la ingeniería civil únicamente para describir la capacidad de un material de recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. La definición en el idioma inglés del concepto resilience, es la tendencia a volver a un estado original o el tener poder de recuperación (1).

Luego el término fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos (2). Por lo tanto, resiliar es recuperarse, ir hacia delante luego de una enfermedad, trauma o estrés. Es vencer estas pruebas y crisis de la vida, resistiéndolas y superándolas, para seguir viviendo lo mejor posible (3).

Otros autores han ampliado y profundizado la definición, integrando otros elementos o variables que intervienen en su desarrollo. En tal sentido, resiliencia sería también la capacidad de una persona o de un grupo para crecer en presencia de muy grandes dificultades … no es fija sino que varía a lo largo de toda una vida; nunca es absoluta; se construye en interacciones con el entorno … siempre se encuentra en proceso y, más allá de la simple resistencia, construye o reconstruye la vida (4).

La última definición resulta muy importante, puesto que se centra en un enfoque con énfasis en procesos, no tanto a nivel de lo que logra por sí mismo un individuo, sino en cuánto a un contexto social y de relaciones. Esto se vincula directamente con los procesos de vida de quienes son cristianos, donde en lo cotidiano, se forma parte de la necesaria interdependencia del cuerpo de Cristo, que es el contexto donde se espera se desarrolle la resiliencia espiritual y mental, permitiendo así afrontar las adversidades propias de la existencia humana y cristiana.

 

La vida del Espíritu y las crisis en el Evangelio

Se ha llegado a plantear que la praxis pentecostal incluye también un ethos pentecostal. Ethos es una palabra griega que significa “costumbre y conducta” y, a partir de ahí, “conducta, carácter y personalidad” (5). En el libro de Los Hechos, sin duda, se puede apreciar un ethos pentecostal en particular, y que en su constitución va a implicar un carácter, identidad y modo de comportarse de los creyentes en el seno de una comunidad.

Además, puede advertirse en esta iglesia que el ethos pentecostal se encuentra asociado, tanto en su génesis como en su desarrollo, con la llenura del Espíritu Santo, y que muchas de sus expresiones en la vida de los creyentes, son consecuencias directas de esa llenura. Horton, por ejemplo, cita a algunos autores que identifican entre estas características, “la plenitud del gozo”, “el gran amor”, “el compartir” y la “alabanza continua de Dios”, mientras que otros, hablan de cualidades de la personalidad cristiana como “marcas” o evidencias de “estar lleno del Espíritu”, como son el “testimonio desbordante”, el “quebrantamiento y humildad”, “un espíritu dócil” y la “consagración” (6).

Por otra parte, la llenura que caracteriza la vida del Espíritu en Los Hechos, se va a hacer notoria, además, como una capacitación o empoderamiento espiritual que Dios mismo otorga en ciertas situaciones a sus hijos, y donde, debido al contexto, se requería de una investidura de poder especial para hacer frente a crisis y circunstancias difíciles.

En relación con lo anterior, Wood argumenta que si se lee cuidadosamente el libro de los Hechos, se descubrirá que una y otra vez en la experiencia de los discípulos, en los momentos difíciles de la vida de ellos, el texto dice que “fueron llenos del Espíritu”. Vale decir, que la condición de estar lleno del Espíritu es lo que sucedió después de Pentecostés.

No es la experiencia que vivieron los discípulos en Hechos 2; es la plenitud que recibieron después de esta experiencia. El Espíritu continuó llenando a los discípulos en momentos en que enfrentaban desafíos nuevos y desconocidos, cuando se necesitó un nuevo nivel de poder en su personalidad, que nunca antes habían visto (7). Un claro ejemplo de esto se advierte en Hechos 4, donde por primera vez la iglesia estaba enfrentando persecución.

Quienes habían sido llenos del Espíritu en Hechos 2, son nuevamente llenos del Espíritu en Hechos 4. (8). Durante el proceso de avance del evangelio, esta “vida en el Espíritu”, se va convirtiendo en un suceso que se vuelve transversal en la vida de los creyentes. Según Hechos 9:31, “… las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo”. El contexto muestra que el Espíritu llevó a cabo esta multiplicación mediante la unción de la Palabra, y mediante la concesión de avivamiento, poder, santificación, ánimo y valentía a los creyentes (9).

 

Espiritualidad y resiliencia

La relación espiritualidad – resiliencia se viene estudiando ya hace varios años en el ámbito de las ciencias sociales. En este contexto, ya existe evidencia suficiente respecto del resultado que surge cuando las personas se apoyan en la religión y en la espiritualidad, y logran utilizarla como un recurso para comprender y afrontar momentos difíciles (10).

Las personas que viven su religión de manera positiva, generando vínculos de confianza con Dios, tienden a sobreponerse a diversos estresores con mayor facilidad que aquellas que experimentan una lucha interna constante con Dios o con su comunidad religiosa (11).

Considerando lo anterior, pero redefinido bajo el lente de una hermenéutica pentecostal, se comprende que esta “resiliencia espiritual” que actúa en los creyentes, no obedece sólo al desarrollo de ciertas virtudes o capacidades personales, o al cambio de algunas estructuras cognitivas y forma de pensar, sino que se construye de forma dinámica, en una experiencia subjetiva con Dios Padre, Dios hijo, y sobre todo en dependencia con Dios Espíritu Santo. La intervención de este último, vendría a conformar integralmente el “ethos pentecostal”, donde todo el ser de la persona termina siendo transformado, y le empodera para afrontar las diferentes vicisitudes que surgirán en sus circunstancias de vida. El afrontamiento obstinado de la realidad: Característica esencial de la resiliencia y su relación con la llenura del Espíritu Santo.

De las investigaciones en el campo de la resiliencia, puede afirmarse que las personas resilientes reúnen varias características esenciales. Tal vez una de las más importantes, es el afrontamiento obstinado de la realidad (12). Con cierta frecuencia, se ha llegado a pensar que la resiliencia es el resultado de tener una naturaleza optimista. Eso es cierto siempre y cuando el optimismo no llegue a distorsionar el sentido de la realidad. En situaciones extraordinariamente adversas, ver el mundo a través de “lentes rosas” puede resultar desastroso. Al contrario, las personas resilientes tienen una visión muy serena y realista de las partes de la realidad que son importantes para la supervivencia (13).

En relación con lo anterior, la primera condición, entonces, que demuestra ser necesaria y suficiente para identificar un proceso de resiliencia, es la identificación del evento problema o del trauma … lo cual significa que en un momento u otro del proceso, el sujeto debe ser capaz de reconocer que ha vivido un acontecimiento traumático o que se ha enfrentado a un contexto traumatizante y que él ha sido su víctima (14). Luego se irá desarrollando lo que respalda la literatura, vale decir, que la persona con consciencia de su situación, y tras superar el horror de lo vivenciado, ha mostrado tener fuerza para resistir la tentación de dejarse caer en el abismo que representa para él lo vivido … (15).

A modo de comprender mejor el efecto de la resiliencia del Espíritu, y del afrontamiento de la realidad por medio de éste, se observarán dos casos en el libro de Los Hechos:

 

1). Enfrentados a las amenazas (Hch.4:1-12).

El contexto es el arresto y abuso físico y emocional de Pedro y Juan porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. Al día siguiente son amedrentados por el tribunal, el mismo que había condenado a Cristo, manteniendo todo el tiempo un intenso hostigamiento hacia ellos, haciéndoles respirar amenazas de una probable muerte, similar a la de su maestro.

 

2). Enfrentado al martirio (Hch.7:51-60).

El escenario muestra al diácono Esteban, quién después de responder a las acusaciones presentadas contra él, confronta a los fariseos como un verdadero profeta de Dios. Esta reprensión generó en sus oyentes un sentimiento de venganza e ira descontrolados, violentándolo físicamente, con consecuencias trágicas.

 

El afrontamiento resiliente de Pedro.

En Hechos 4 puede advertirse que, pese a experimentar un contexto de prisión y maltrato de parte de los líderes judíos, Pedro es capaz de afrontar con criterio de realidad la situación a que lo estaban exponiendo. Primero, él tiene consciencia clara de que aquel, era el tribunal que antes había condenado a su maestro, y ellos se lo hacen notar. Como observa agudamente Horton, la expresión “con qué potestad” usada por lo líderes se hace en forma derogatoria, lo que implicaba que estaban tratando de amedrentar a Pedro y a Juan, quizás con el propósito de que recordaran la forma en que habían huido despavoridos cuando Jesús había sido arrestado (16).

Segundo, no sólo los obligan a recordar cuando abandonan a Jesús, sino que además implicaba, y en el caso particular de Pedro, recordar un evento emocionalmente difícil, donde terminó sucumbiendo a la angustia y temor de ser encarcelado, negando finalmente a su Señor (Mt.26:69-75).

¿Cómo enfrentó Pedro este nuevo contexto de amenazas? ¿Cómo enfrentó esta situación de presión y conflicto mental? El texto dice: “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo:” (v.8). Es mediante esta “renovación de la plenitud” que puede desarrollar un afrontamiento coherente de la realidad, y lo hace realizando una defensa férrea ante al Sanedrín. Sólo por medio de esta nueva infusión de aliento y empoderamiento espiritual, es capaz de ponerse de pie y entregar una respuesta que proclamó la verdad y glorificó a Jesús (4:8; 10-12).

A través de este nuevo henchimiento de poder, se da la segunda condición para que se desarrolle un proceso resiliente, cual es, que ha logrado superar la sensación de terror vivida antes, no dejándose vencer y continuando con el plan de Dios. En definitiva, ni la prisión, ni el maltrato físico, ni el abuso emocional, ni los recuerdos tortuosos del pasado pudieron hacer callar la voz del Espíritu en la vida de Pedro.

 

El afrontamiento resiliente de Esteban

El afrontamiento obstinado de la realidad también se visibiliza en la persona de Esteban. En su caso, tuvo la oportunidad de realizar una pertinente apologética. No obstante, cuando reprende a sus interlocutores, estos responden enfureciéndose en sus corazones, “haciendo crujir los dientes contra él” (v.54), lo cual demostró una expresión de ira violenta que sólo dejaba en evidencia el deseo de resistir al Espíritu Santo.

Es en este momento, donde en su frágil humanidad, se deja sentir toda la presión espiritual y emocional. Entonces Esteban toma consciencia que lo que estaba por venir iba a ser muy difícil de enfrentar. ¿Cómo afronta finalmente esta situación? Dice el texto: “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre

que está a la diestra de Dios” (v.55-56). En el contexto de una situación al límite, Esteban es fortalecido con una nueva infusión del Espíritu, que lo capacita para enfrentar la violencia extrema a la que iba a ser sometido. Advirtiendo la primera condición necesaria para identificar un proceso resiliente, Esteban es capaz de identificar y reconocer que ha comenzado a vivir un evento traumático, donde él ha de convertirse en una víctima de sus agresores.

Resulta importante atender que el Espíritu dirige a Esteban a poner los ojos en el cielo para presenciar la gloria de Dios y a su hijo Jesucristo. Tal como se revisó antes, los enfoques más actualizados sobre la resiliencia no sólo consideran las capacidades personales como factores relevantes, sino el contexto relacional desde donde se construye la resiliencia. En el caso del diácono mártir, ésto sólo se hace posible cuando el Espíritu lo lleva a entrar, una vez más, en una experiencia relacional con la divinidad. En su experiencia vincular con Cristo, como arguye un autor, Jesús estaba (literalmente) en pie, como dando aliento a su siervo en la tierra y dispuesto a recibirlo en su gloria (17).

Además el texto dice: “Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu” (v.59). Consciente de su situación, no niega el suceso, sino que lo integra a su experiencia y lo afronta valientemente elevando una plegaria a su Señor. Su perspectiva de la situación no es de carácter temporal, sino eterna, ya que pone su confianza en el hecho de que Jesús mismo lo recibe en su presencia.

Finalmente, el afrontamiento resiliente de la realidad se refleja cuando “… puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (v.60). Esteban imita el ejemplo de Cristo, y al igual que este último había pedido al Padre que perdonara a sus verdugos (Lucas 23:34), lo mismo termina haciendo él. Su obstinación de afrontar la realidad se despliega como un actuar coherente con los valores del reino de Dios, en este caso, el amor, el perdón y la reconciliación. En esta escena, la vida del Espíritu se evidencia en un accionar que no había tenido precedente alguno, y que a pesar de que se le ocasiona la muerte, el renuevo de esta plenitud capacita a Esteban para afrontar su martirio, y así reunirse con su amado Señor.

Hacia un breve modelo de resiliencia espiritual para la iglesia de hoy

1). La resiliencia espiritual se desarrolla cuando los creyentes sirven en el Evangelio

Se debe consignar que en ambos casos, el nuevo derramamiento de poder de parte del Espíritu, ocurre en circunstancias de servicio a Cristo, y en específico, en contextos de persecución y crisis. Según esas circunstancias, se requería urgente de un nuevo nivel de poder para hacer frente a la adversidad.

Según lo anterior, por ende, un primer objetivo a lograr si la iglesia desea crecer en resiliencia, es que el creyente permanezca en continuo y activo servicio al Señor, participando proactivamente en la expansión de las buenas noticias de redención. Esto viene a desmitificar y corregir la idea de que “una nueva llenura del Espíritu Santo” llegará a la persona por el sólo hecho de desearlo, o para “tener una experiencia espiritual” como a veces se percibe al interior de la iglesia. Según los textos analizados, Dios produce resiliencia en su pueblo no para deleite o gratificación personal, sino específicamente para enfrentar las dificultades propias de la tarea de evangelización.

2). La resiliencia espiritual se desarrolla en un contexto de relaciones cercanas y significativas.

En los dos casos expuestos, la resiliencia del Espíritu se despliega en un contexto relacional íntimo y con significado. Primero, y respecto a una construcción vincular de tipo vertical, se advierte que tanto Pedro como Esteban ya habían participado de una relación de dependencia de Jesucristo, y asimismo de una dirección del Espíritu Santo. Pero es en la situación de crisis de cada uno, donde se evidencia de forma actualizada esa relación

cercana con la divinidad, ya que es en su clamor interno, en su condición de auxilio urgente (Pedro maltratado y amenazado, Esteban violentado) que Cristo manifiesta su presencia enviando una nueva plenitud de su Espíritu. Ello se despliega como un potencial, como un empoderamiento único para que sus siervos pudieran resistir, y no sucumbir ante la diversidad de estresores que estaban impactándolos.

Según este criterio, una nueva llenura del Espíritu será difícil en creyentes que no claman a Dios, y que no han establecido una relación íntima con Él; al contrario, aquellos que permanecen en constante súplica para que Dios los libre de las crisis, desde el ámbito de una relación significativa con Jesús, probablemente obtendrán el beneficio de un nuevo empoderamiento espiritual.

Segundo, se puede advertir también que la resiliencia espiritual se genera a partir de una construcción vincular de tipo horizontal. El caso de Pedro, resulta muy ilustrativo que siempre se mantuvo al lado y en una relación de compañerismo con Juan. Y aunque no lo dice el texto, ellos deben haber estado orando el uno por el otro mientras se encontraban presos, previo a ser expuestos ante el Sanedrín.

No obstante, el hecho crucial que habla de las relaciones constructoras de resiliencia, se da cuando Pedro regresa junto a Juan con su comunidad de fe. Dice el texto “Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho” (4:23). Es en ese momento que la iglesia eleva una oración solidaria, y entre otras cosas, piden a Dios que fortalezca los corazones de sus siervos en este tiempo de crisis, y les otorgue valor para continuar con la obra: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús” (v.29). El resultado de esta comunión, de esta actitud de cuidado tierno, de este compañerismo en tiempo crítico, fue que una vez más, Pedro, Juan y todos los discípulos recibieran fortalecimiento y capacitación espiritual: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios (v.30).

Tal como lo hizo esta comunidad de fe, se ha planteado en el presente que los pastores, lideres y en general miembros de una iglesia local, pueden desempeñar de forma efectiva y competente el rol de tutores resilientes, y que dentro de un contexto de apoyo socioemocional y espiritual, pueden ser facilitadores para los creyentes que se encuentren atravesando una crisis. Así, estas relaciones resilientes de la iglesia, se convierten en el caldo de cultivo para que se dé una nueva plenitud del Espíritu.

3). La resiliencia espiritual se desarrolla cuando existe un afrontamiento obstinado de la realidad.

Asimismo, en los dos casos analizados, se puede percibir que el Espíritu Santo les ayudó avencarar la realidad, y mantener la actitud adecuada para afrontar las crisis. Sin embargo, si bien el Espíritu dirigió sus vidas en esos momentos difíciles, también fluyó la dimensión volitiva o de la voluntad personal de cada uno de ellos. O sea, tanto Pedro como Esteban tomaron la decisión de dar testimonio acerca de Cristo. No es que el renuevo del Espíritu los hubiera manejado como una especie de marionetas sin voluntad. Ellos, como fieles y maduros discípulos de Jesús, sabían bien qué es lo que tenían que hacer en esos momentos cruciales: testificar sí o sí. Lo que el nuevo derramamiento del Espíritu hizo fue fortalecer, infundir ánimo, dar valor, dar gracia y sabiduría, dar una nueva dirección y enfoque, para poder predicar frente a sus respectivas audiencias.

Este punto resulta relevante, ya que la resiliencia que es dependiente del Espíritu Santo, va a guardar relación con la actitud y las decisiones que tomen los creyentes frente a sus circunstancias, donde en vez de evadir la realidad se opte por afrontarla, aunque a veces resulte difícil aceptar lo que está aconteciendo en ese momento. De alguna manera, Dios espera de sus hijos una actitud diligente frente a las diversas pruebas que les tocan vivir, pero también el anhelo personal y profundo de una renovación que permita un afrontamiento efectivo.

En resumen, en este artículo se han revisado algunos conceptos sobre resiliencia, aplicados luego a la vida de algunos personajes de Los Hechos que vivieron experiencias de crisis complejas, pero que en dependencia de Dios y de la llenura del Espíritu Santo, pudieron sortear esas pruebas y avanzar hacia el propósito que Dios para su iglesia. Lo anterior, mirado desde una hermenéutica pentecostal, vale decir, con un intencionado énfasis teológico, facilitaría la comprensión de prácticas que ayudarían efectivamente a desarrollar resiliencia espiritual en los creyentes de la iglesia actual. Esto vendría a impactar como un importante factor de promoción, no sólo de la madurez espiritual, sino también de la salud mental y emocional de las personas.

Finalmente, se considera factible evaluar lo que podría ser un modelo a replicar en las iglesias pentecostales de hoy, con el objetivo de desarrollar creyentes maduros y resilientes, y comunidades que resistan los embates y desafíos de la fe contemporánea.

 

Bibliografía

(1). María A. Kotliarenco y otros. Estado de arte en resiliencia (Washington D.C: Organización Panamericana de la Salud, 1997), 5.

(2). Kotliarenco, 5.

(3). Michel Manciaux, La resiliencia: resistir y rehacerse (Barcelona: Editorial Gedisa, 2010), 50.

(4). José M. Madariaga, Nuevas miradas sobre la resiliencia. Ampliando ámbitos y prácticas (Barcelona: Editorial Gedisa, 2014), 64.

(5). Bernardo Campos. El principio Pentecostalidad: La unidad del Espíritu, fundamento de la paz (Salem, Oregon: Publicaciones Kerigma, 2016), 121.

(6). Stanley Horton. ed. Teología sistemática. Una perspectiva pentecostal (Miami, Florida: Editorial Vida, 1995), 463.

(7). George Wood, La vida en el Espíritu (Springfield, Missouri: Gospel Publishing House, 2017), 45

(8). Wood, 63.

(9). Stanley Horton. El Espíritu Santo revelado en la Biblia (Miami, FL: Editorial Vida, 1998), 117.

(10). Juan Irurzun & Cecilia Yaccarani. Resiliencia, espiritualidad y propósito de vida. Revista de investigación en psicología social, vol. 4, n°2, 2018, pp. 58-66.

(11). J. Irurzun y otros, Resiliencia y espiritualidad: Aportes para su estudio desde una perspectiva

psicológica. Revista científica de la fundación mente clara, vol.2, 2017, ISSN 2469-0783 https://datahub.io/dataset/2017-2-2-e32.

(12). Diane Coutu, “Como funciona la resiliencia”, en Resiliencia: Serie inteligencia emocional de Harvard Business Review (Boston, Massachusetts: Harvard Business Review Press, 2012), 16.

(13). Coutu, 18.

(14). Madariaga, Nuevas miradas sobre la resiliencia, 89.

(15). Ibid.

(16). Stanley Horton. El libro de Los Hechos (Miami, FL: Editorial Vida, 1990), 61.

(17). Samuel P. Millos. Comentario exegético al texto griego del Nuevo testamento. Hechos (Barcelona: Editorial CLIE, 2013), 581.

 

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