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Restaurando los muros caídos de nuestras vidas

Por Betty Zenone de Deruggiero

 

De los libros apasionantes e inspiradores con los que contamos en la Biblia, sin duda Nehemías es uno de los más sobresalientes a la hora de extraer valores de liderazgo y superación ministerial. Muchos son los sermones y enseñanzas que hemos ecuchado y repetido constantemente por su alto valor motivacional para toda la Iglesia de Cristo y su liderazgo.

La historia nos ubica casi ciento cuarenta años después de la destrucción de Jerusalén a manos de los Babilonios, y nos presenta a un judío que trabajaba favorablemente para el rey de turno. Nehemías contaba con una tarea privilegiada por la cercanía al rey. Algunos comentaristas le añaden muchas más responsabilidades que sólo ser el copero del rey, habilidades y responsabilidades que pondría más tarde en práctica en la tarea encomendada por Dios a su corazón.

Una simple pregunta que Nehemías le hace a su hermano produce una necesidad y carga en su vida:

Hananí, uno de mis hermanos, vino a visitarme con algunos hombres que acababan de llegar de Judá. Les pregunté por los judíos que habían regresado del cautiverio y sobre la situación en Jerusalén.  Me dijeron: «Las cosas no andan bien. Los que regresaron a la provincia de Judá tienen grandes dificultades y viven en desgracia. La muralla de Jerusalén fue derribada, y las puertas fueron consumidas por el fuego. Neh.1:2-3

Por esta razón y con el favor de Dios, Nehemías emprende una tarea singular e indispensable para que el pueblo de Dios volviera a levantarse de las ruinas.

No debemos olvidar que, si bien Esdras se dedica a la reconstrucción del Templo de  Jerusalén, Nehemías es el encargado de restaurar los muros que rodeaban a la ciudad. La función principal de estos era resguardar la ciudad de los ataques enemigos. Eran muros de contención y también de protección.  Cuando fuesen derribados los muros, los enemigos podrían entrar a la ciudad y destruirla sin oposición.

Como buen estratega, Nehemías entendió que sin muros levantados no habría seguridad. Todo lo que pudieran hacer en la ciudad sería en vano debido al nivel de desprotección en que vivían. Es por eso que había una necesidad imperiosa de reconstruirlos.

Muchas son las cualidades que podríamos enumerar de este líder, entre ellas destacar su servicio, responsabilidad, oración, fe, preparación, administración, capacidad de liderazgo, honestidad, además de muchas otras; pero una de las más sobresalientes es la capacidad de restaurar en tiempo de crisis.

Podemos apreciar algunos principios en la tarea de la restauración y reconstrucción, no solo de nuestras vidas, sino de quienes así lo necesiten. Dios nos ha llamado a restaurar y ser reparadores de la relación entre los hombres y Dios. En el área en la cuál nos encontremos, siempre tendremos que estar dispuestos a ser como Nehemías, ministros que restauren.

 

1-    Cuando queremos restaurar, los enemigos se levantan.

Sambalat, Tobías y Gesem despreciaron a los judios en su corazón “Sin embargo, cuando Sanbalat, Tobías y Gesem el árabe se enteraron de nuestro plan, se burlaron con desprecio (Neh.2:19).

El desprecio por lo que somos y hacemos es algo con lo que tenemos que aprender a luchar y vencer, si deseamos restaurar las áreas de nuestras vidas que han sido destruidas.

El enemigo es el más interesado en que las piedras sigan siendo piedras y las ruinas sigan siendo ruinas. Cualquier intento de restauración será atacado por el diablo.

Los enemigos intentaron detener la obra de diferentes maneras. Una de las estrategias que pusieron en práctica fue destruir la confianza del pueblo usando la burla.  “Tobías, el amonita, que estaba a su lado, comentó: «¡Esa muralla se vendría abajo si tan siquiera un zorro caminara sobre ella!». (Neh. 4:3). Si no podía  contener a una zorra, mucho menos podrían guardar una ciudad de futuros ataques.

Planearon atacarlos y confundirlos “Todos hicieron planes para venir y luchar contra Jerusalén y causar confusión entre nosotros” (Neh. 4:8). Provocar confusión o disturbio les haría perder tiempo y retrasaría el avance de la obra.

Buscaban aprovecharse del cansancio de sus trabajadores:

Entonces el pueblo de Judá comenzó a quejarse: «Los trabajadores se están cansando, y los escombros que quedan por sacar son demasiados. Jamás podremos construir la muralla por nuestra cuenta». Mientras tanto, nuestros enemigos decían: «Antes de que se den cuenta de lo que está pasando, caeremos encima de ellos, los mataremos y detendremos el trabajo. (Neh 4:10-11).

El diablo intentará detenernos cuando comenzamos la obra de restaurar; él viene a destruir“ El propósito del ladrón es robar y matar y destruir” (Juan 10:10).

Aun así en cada uno de los ataques e intentos de los enemigos, sobresalía un líder que tenía plena confianza en el Dios que lo había llamado y se mantenía firme en el propósito dado. De la misma manera necesitamos reconocer que cuando intentamos reparar y  restaurar; levantar los muros caídos de nuestras vidas y de quienes nos rodean; la oposición será fuerte, pero más fuerte es nuestro Dios del cielo en quién está puesta nuestra confianza.

El Dios del cielo nos ayudará a tener éxito. Nosotros, sus siervos, comenzaremos a reconstruir esta muralla; pero ustedes no tienen ninguna parte ni derecho legal o reclamo histórico en Jerusalén.  (Neh.2:20)

 

2-    La tarea de restaurar demanda tiempo y visión.

Cuando Nehemías decide comenzar a restaurar y dispone su corazón a hacerlo, Dios comienza a obrar providencialmente a su favor. Desde el favor y permiso de un Rey pagano, hasta la provisión de materiales para la construcción. Dios estaba encargado de su obra.

Este principio merece especial atención, por que los judíos estaban usando escombros para levantar los muros, escombros y materiales que habían quedado de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor. Los enemigos enojados miraban como avanzaba la obra y decían: “¿Realmente creen que pueden hacer algo con piedras rescatadas de un montón de escombros, y para colmo piedras calcinadas?  (Neh. 4:2).

Esos pedazos de piedra, ya desechados, eran los mismos que Nehemías decidió que usarían, y eran los que tenía a disposición para trabajar. De esos escombros debía surgir un muro que guardara la ciudad. Es interesante que esas ruinas serían transformadas a grandes muros. Sólo aquel que tiene un corazón restaurador, ve muros donde hay ruinas, y fortaleza donde hay debilidad.

Nuestro ministerio como siervos de Dios es restaurar las vidas dañadas por el enemigo. A diario llegan a nuestras iglesias personas con corazones rotos y vidas arruinadas. Sus corazones son como pedazos de piedra y escombros calcinados que parecieran no tener esperanza. Fueron atacados y lastimados por el diablo y ahora viven sin esperanza.

Sólo un restaurador como Nehemías apuesta a la restauración y ve muros en lugar de cenizas. Eso es visión en medio de crisis.

De hecho, cada uno de nosotros pensó en algún momento haber sido consumido y destruido, pero por las misericordias del Señor y su amor inagotable somos testimonios vivos de su restauración en nuestras vidas. Sólo Dios ve muros fuertes y útiles donde hay escombros y cenizas. ¡Aleluya!

 

3-    La restauración física y la restauración de la voluntad entristecida.

La tarea más compleja de Nehemías no era la restauración física de los muros, sino restaurar la voluntad de un pueblo que había sido avergonzado por sus enemigos y sucumbido profundamente en la tristeza y menosprecio de sí mismo.

Restaurar aquello que no se ve, restaurar los sueños y anhelos – Nehemías tenía que restaurar la confianza de los judíos y las ganas de volver a vivir.  Constantemente daba mensajes al corazón del pueblo:

Luego, mientras revisaba la situación, reuní a los nobles y a los demás del pueblo y les dije: «¡No le tengan miedo al enemigo! ¡Recuerden al Señor, quien es grande y glorioso, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus esposas y sus casas!. (Neh 4:14).

Sin dudas Nehemías sabía que la tristeza había consumido no solo los muros físicos, sino los muros espirituales del pueblo. Ellos estaban profundamente entristecidos y sentían que cualquier enemigo podría volver a hacerles daño. Necesitaban confiar, necesitaban asegurar sus corazones en Dios; y allí estaba Nehemías, un restaurador de muros y de voluntades.

Levantar muros de piedra no era la cosa más difícil; lo bien difícil era restaurar la voluntad y el ánimo de estas frágiles personas; algo que con coraje, y profunda entrega Nehemías logra hacer en medio del pueblo y los líderes.

 

4-    La restauración espiritual:

Desde situaciones simples a situaciones complejas vemos como Nehemías intenta no dejar nada al azar. Se encarga de terminar con la usura. De la misma manera, vive y actúa con honradez durante su cargo de gobernador. Pone orden y designa personas encargadas para cada necesidad. Todas estas tareas eran muy necesarias y debían llevarse a cabo.

Aún así, Nehemías entendía que no habria restauración completa sin rendición y humillación a Dios y su palabra.

Con todo el pueblo congregado, la Palabra fue leída; trajo convicción y arrepentimiento. El pueblo se volvió a Dios, se humilló y entendían la palabra que les explicaban Nehemías y Esdras. La ley de Moisés era clara y producía que  el corazón del pueblo que se inclinara y adorara.

Entonces Esdras alabó al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo, con las manos levantadas, exclamó: «¡Amén! ¡Amén!». Luego se inclinaron y, con el rostro en tierra, adoraron al Señor. (Neh 8:6).

Los pecados eran confesados, el pueblo adoraba a Dios, y se arrepentía de sus pecados. Este es el avivamiento que produce la Palabra en el corazón del hombre. No hay restauración completa si no hay rendición a Dios y su voluntad.

El trabajo del restaurador es duro, porque no sólo se trata de restaurar muros físicos sino también espirituales. Dios nos da la gracia que le dió a Nehemías y el corazón que él tenía.

La oposición se hará cada vez más clara cuando comencemos a ver muros en lugar de cenizas, el enemigo usará sus armas para que las personas sigan viviendo en ruinas. Para enfrentar toda la tarea debemos tener la visión de Dios en nuestro corazón y el convencimiento claro que Dios nos está llamando a edificar a su Iglesia.

Somos bendecidos cuando vemos muros y no escombros. Esa es la forma en la que Dios mira a los rotos y quebrantados que están dando vueltas por el mundo, y a los que nosotros hemos sido llamados a levantar.

No necesitamos saber la historia de cómo llegaron a ser piedras o montones de cenizas, necesitamos saber que lo que Dios quiere hacer en, y a través de nosotros es grande y que somos portadores de esperanza y restauración. Con nuestras manos edificamos y no derribamos.

Es tiempo de Nehemías, de hombres y mujeres apasionados por la obra y la reconstrucción. Es tiempo de ministerio a los que la destrucción y las cenizas de otros, le hacen doler el corazón y sienten la necesidad de dejar todo, e ir en ayuda en medio de los escombros.

 

 

 

Nota: Los textos bíblicos son tomados de la Nueva Traducción Viviente.

 

Betty Zenone de Deruggiero

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