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COMIENZA LA HISTORIA DE JOSÉ EL SOÑADOR – terribles sus hermanos

[dropcap]L[/dropcap]a historia de José es muy conocida y la relatamos a los niños desde su temprana edad. Pero es mucho más que un cuento de «pobreza a riqueza». Es parte cru­cial del plan de Dios para la redención de Israel—y de toda la humanidad. Los personajes, eventos y emo­ciones son reales. A pesar del sufrimiento y las debi­lidades humanas que nos revela, nos muestra la mano amorosa de Dios obrando para cumplir su plan tanto para una persona como para las naciones.

Génesis 29 y 30 registra el relato de la familia de Jacob. Es una historia de altos y bajos. Finalmente, la amada esposa de Jacob, Raquel, dio a luz a José. La historia de su vida comprende el resto de Génesis, y nos recuerda el cuidado de Dios por su pueblo y la soberanía de su plan. Esta lección comenta la primera gran prueba de José, provocada por los celos, la mali­ cia y la traición. Sin embargo, esta serie de eventos prepara el escenario para otra maravillosa demos­ tración del poder, la provisión y la promesa de Dios.

Parte 1—Los sueños proféticos de José

□ Disfunción familiar Génesis 37:1-4

José ocupa un papel central en la descendencia de Abraham, aunque era el hijo menor de Jacob (Géne­sis 37:1,2). Nuevamente vemos que Dios a menudo elige a personas que otros pasarían por alto.

José era el hijo de Raquel, la amada esposa de Jacob, con quien pudo casarse sólo des­ pués de haber sido engañado para casarse primero con su hermana Lea. Lea y las siervas de ambas esposas dieron a Jacob diez hijos antes de que Raquel le diera un hijo «en su vejez» (v. 37:3) y lo llamó José. Jacob debería haber conocido los problemas del favoritismo de los padres y las rivalidades entre hermanos. Sin embargo, «amaba Israel a José más que a todos sus hijos» (Génesis 37:3).

A los diecisiete años, José fue testigo del mal comportamiento de sus hermanos, e informaba a Jacob «la mala fama de ellos» (v. 2). No es difícil imaginar cómo se desarrolló la animosidad entre José y sus hermanos. Además, Jacob le dio a José una túnica de diver­ sos colores (v. 3), que serviría como un recordatorio constante del lugar especial que José ocupaba en el corazón de su padre. Los hermanos llegaron a odiar a José (v. 4).

José enfrentó muchos de los mismos desafíos familiares que experimentamos hoy, pero encontramos esperanza en su historia. A pesar de la crianza, los problemas o el trauma que hayamos experimentado, Dios puede usarnos para su gloria.

□ División por ios sueños Génesis 37:5-11

Génesis 37:5 registra que José tuvo un sueño (seguido en el versículo 9 por otro similar). Cuando se lo dijo a sus hermanos, lo odiaron aun más. Los sueños a menudo se asociaban con la comunicación divina y la profecía. Entonces, a los ojos de sus hermanos, José no solo era el hijo menor favorecido, sino que ahora afirmaba que Dios estaba profetizando que algún día los gobernaría (w. 6-8).

Podríamos preguntarnos acerca de la motivación de José para contarles a sus herma­ nos sobre el primer sueño. El versículo 8 dice: «Le aborrecieron aún más a causa de sus sueños y sus palabras», lo que sugiere que encontraron algo ofensivo en su actitud.

La inmadurez de José también podría indicarse en la reprensión de su padre después de que José relató su segundo sueño (vv. 9-11). Jacob reconoció que tales sueños podían tener un gran significado, también vio cuán divisivos podían ser. Trastornaban todo el orden social. Sin embargo, José habría sido prudente en guardarse los sueños para sí mismo hasta que entendiera mejor su significado. Su historia puede proporcionarnos una guía. Cuando recibimos un mensaje de Dios, a menudo es prudente guardar en nuestro corazón tales revelaciones hasta que Dios nos indique que las compartamos.

Parte 2-Conspiración contra José

□ La trampa está tendida Génesis 37:12-20

Los hermanos de José habían trasladado sus rebaños de ovejas unas veinte millas (32.2 km) al norte de Siquem (37:12). Unos dos años antes, la familia había experimentado una terrible tragedia y habían matado a todos los hombres de ese pueblo (véase Génesis 34).

Quizá es por eso que Jacob estaba preocupado por el bienestar de sus hijos. Así que envió a José para ver cómo estaban (w. 13,14). Cuando llegó a Siquem, José encontró que sus hermanos habían viajado veinte millas [32.2 km] hasta la ciudad de Dotán (w. 15-17). José localizó a sus hermanos y los rebaños en Dotán, pero ellos no estaban felices de verlo venir (v. 18). Antes de que llegara, comenzaron a conspirar para matarlo.

Sus hermanos llamaron a José «el soñador» cuando se acercaba (v. 19). Inicialmente, los hermanos planearon matar a José y arrojar su cuerpo a una cisterna (v. 20), un gran pozo en forma de botella usado para almacenar agua. Con una profundidad de hasta veinte pies [6 mt], una cisterna era un excelente calabozo. Los hermanos razonaron que le dirían a Jacob que una bestia salvaje había matado a José. Visto desde una perspectiva humana, esta conspiración frustraba las promesas que José había recibido de Dios a través de sus sueños.

Las crisis a menudo desafían nuestra fe en Dios. Pero esos momentos son oportunida­ des de que el Señor reciba una gloria aun mayor por cumplir su Palabra.

□ José es vendido como esclavo Génesis 37:21-27

Mientras se formulaba el plan para matar a José, Rubén habló a favor de él (Génesis 37:21,22), declarando que debían perdonar la vida de José para que no hubiera sangre en sus manos. En cambio, deberían arrojarlo vivo a una cisterna. Rubén planeaba regresar secretamente para rescatar a José y llevarlo a casa con Jacob.

Cuando José llegó, sus hermanos hicieron lo que Rubén sugirió (w. 23,24). Poco después, sin embargo, pasó una caravana de mercaderes (v. 25). No estando Rubén allí en ese momento, Judá vio la oportunidad de obtener ganancias y deshacerse de su hermano sin matarlo (w. 26,27). Vendieron a José a los mercaderes por veinte sidos de plata. Los mercaderes llevaron a José a Egipto, y los sueños de José aparentemente se esfumaron.

De hecho, este era sólo el comienzo de la historia de José. Las circunstancias difíciles no significan que Dios esté enojado con nosotros o que hayamos perdido su voluntad. Aunque a veces, el comportamiento de otras personas impacta nuestra vida, debemos de tener presente que Dios siempre está obrando sus propósitos para su gloria.

Parte 3 – José es vendido como esclavo

□ Comienza la conspiración Génesis 37:28-32

Parece que Rubén había ido a otra parte después de que José fue arrojado a la cisterna. Cuando regresó y encontró la cisterna vacía, rasgó su ropa con dolor, indicando la preo­cupación por su padre Jacob y por su hermano José (Génesis 37:29). Se lamentó: «El joven no aparece; y yo, ¿a dónde iré?» (v. 30). No podía volver a casa con su padre sin José—o al menos una historia de lo que le había sucedido.

Los hermanos procedieron con su plan de engañar a Jacob, fingiendo la muerte de José rasgando su túnica y empapándola en sangre de cabra. Enviaron la ropa de José a su padre, insinuando que había ocurrido una tragedia (w. 31,32). En su mensaje, declara­ ban no saber si la túnica ensangrentada en realidad pertenecía a José y al mismo tiempo negándose a llamarlo su hermano: «Reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no» (v. 32). Dejaron que su anciano padre concluyera que José había tenido una muerte horrible. Esta era la familia escogida de Dios, pero sus luchas, debilidades y fracasos eran muy reales.

□ Jacob está devastado; José llega a Egipto Génesis 37:33-36

Es difícil imaginar la agonía de Jacob cuando reconoció los restos desgarrados y ensan­grentados de la túnica que le había dado a su amado hijo José (w. 33-34). José había sido violentamente arrebatado de él. En su hipocresía, los hermanos intentaron consolar a Jacob en lugar de confesar su traición e intentar rescatar a José.

Jacob rehusó ser consolado (v. 35), haciendo voto de llevar su dolor a la tumba. El duelo es una emoción natural. Incluso Jesús estuvo afligido, indicando que de ninguna manera es pecaminoso (véase Juan 11:32-35). Sin embargo, el dolor inconsolable puede convertirse en amargura contra Dios y los demás.

Los días venideros serían difíciles tanto para Jacob como para José, pero Génesis 37:36 insinúa el futuro del pueblo de Dios. José sería esclavizado en Egipto, pero su destino cam­ biaría dramáticamente a través de la intervención de Dios. Asimismo, el pueblo de Dios sería esclavizado en Egipto, pero finalmente Dios los liberaría hacia la Tierra Prometida. Ese patrón de esclavitud y redención presagia nuestro propio éxodo del pecado a la vida eterna a través de Cristo. También nos recuerda que el plan de Dios para nuestro futuro puede ser muy diferente de las circunstancias que enfrentamos hoy.

¿Qué nos dice Dios?

Visto fuera de contexto, no hay mucha esperanza o alegría evidente en esta lección. Tal vez podría decir lo mismo sobre su vida hoy. Pero aprenda esta verdad de la historia de José: en su tiempo perfecto, Dios cumplirá sus promesas, y su plan se llevará a cabo. Conforme camina con el Señor hoy, tenga fe. Él tiene el futuro suyo en Sus manos.

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Por Editorial VIDA

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