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La apostasía de Salomón nos enseña guardar el corazón de la maldad y permanecer en Dios

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Salomón tuvo un buen comienzo como rey, buscando humildemente la sabiduría de Dios, construyendo el gran templo y orando fervientemente por el pueblo de Dios en su dedicación. Pero más tarde se alejó de Dios de manera lamentable, permitiendo la adora­ ción de ídolos y no cumpliendo con los mandatos que Dios le había dado ni con el legado de su padre David. La lección de hoy nos mostrará el camino peligroso que escogió Salomón, el cual lo alejó de Dios. Este estudio tiene como fin que aprendamos de las malas decisiones de Salomón conforme vivimos en un mundo engañoso.

A excepción de David, Salomón fue el más grande de todos los reyes de Israel. Dios lo bendijo con pros­ peridad y éxito, y le dio sabiduría más allá de lo que cualquier otra persona jamás haya conocido. Sin embargo, más adelante en su vida, Salomón se alejó de esa sabiduría, dejando una vida de obediencia para seguir el camino del pecado. Esta lección explora los últimos trágicos años de Salomón, y nos sirve como advertencia de que debemos permanecer firmes en Dios. La historia de Salomón también nos recuerda que el pecado puede ser sutil. Debemos tener cuidado con todas y cada una de nuestras debilidades, depen­ diendo de Dios para que nos ayude a mantenernos firmes y a seguirlo fielmente.

Parte 1 – La desobediencia idólatra de Salomón

□ Salomón se aparta de Dios 1 Reyes 11:1-8

Desde el principio, Dios le ordenó a los israelitas que no establecieran alianzas matrimo­ niales con naciones paganas. Aunque Salomón sabía esto, volvió su afecto hacia sus esposas extranjeras y sus dioses (1 Reyes 11:1-3).

Salomón «tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas» (v. 3). Una con­ cubina era una mujer, a menudo esclava, que tenía mayores derechos que un sirviente común, pero tenía un estatus inferior al de una esposa. Las concubinas a menudo se adqui­ rían para el placer de su marido (generalmente de la realeza). Muchos de los matrimonios de Salomón probablemente sirvieron fines políticos a medida que construía alianzas con las naciones vecinas.

Trágicamente, Salomón complació a sus esposas paganas construyendo lugares de adoración para sus dioses (w. 4-8). Lo lamentable es que «hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre» (v. 6). Podemos aprender de la transigencia de Salomón a causa de relaciones poco saludables. Establecer conexiones con los inconversos es importante para el evangelismo (véase 1 Corintios 5:9-11), pero debemos tener cuidado de que nuestras creencias, actitudes y acciones se mantengan firmes en la Palabra. Esto es especialmente cierto en lo que respecta a la elec­ ción de un cónyuge. Un cónyuge cristiano nos ayudará a servir a Cristo, pero un cónyuge inconverso puede desanimarnos de servir a Dios.

□ «Se enojó Jehová contra Salomón» 1 Reyes 11:9-13

Dios una vez honró a Salomón por elegir la sabiduría sobre el placer y el poder. Como resultado, la mano de provisión y bendición de Dios estuvo sobre él. Pero ahora, «Se enojó Jehová contra Salomón» (v. 9). El rey se había apartado del único Dios verdadero para adorar ídolos—todo lo contrario de la sabiduría. Dios le había hablado a Salomón acerca de su pecado (probablemente a través de un profeta), pero Salomón no escuchó (v. 10).

Salomón sufriría las consecuencias de su desobediencia. La nación sería arrebatada del rey y entregada a un siervo (v. 11; ciertamente se refiere a Jeroboam, véanse w . 26-40). Sin embargo, por el legado de David, esto no sucedería sino hasta el reinado de Roboam, hijo de Salomón. Por amor a David, serían retenidas por su familia la tribu de Judá y la ciudad escogida de Jerusalén. Las referencias a David en los versículos 12 y 13 son recordatorios importantes de que su linaje (nunca llamado linaje de Salomón) per­ duraría para siempre como Dios había prometido. El rey Salomón había sido bendecido abundantemente por Dios, pero terminó su reinado como un hijo rebelde que merecía ser juzgado.

Parte 2-Dios trae la adversidad

□ Un enemigo de Egipto 1 Reyes 11:14-22

Debido a la apostasía de Salomón, Dios le trajo doble adversidad. El primer adversario fue Hadad, que significa «el tronador». Este era un nombre común entre la realeza de los edomitas y un adjetivo común que describía la divinidad. «El tronador» pudo haber venido de Edom, pero el Señor fue quien lo «suscitó» (v. 14).

El acontecimiento descrito en los versículos 15-25 es muy probable que se refiera al relato de 2 Samuel 8:13,14, cuando David obtuvo una gran victoria sobre Edom, entre otras naciones. «El Señor le daba la victoria a David dondequiera que iba» (v. 14, ntv).

En los tiempos de Salomón, un gobernante anteriormente derrotado de este linaje real
de Edom se levantó como adversario contra Salomón. Hadad había encontrado refugio en Egipto después de la derrota de su padre por parte de David. Egipto era un destino común
para los refugiados del norte y del este ( véasehistoria de sido un aliado clave para Salomón, quien formó una alianza con Faraón y se casó con su
hija {véase 1 Reyes 3:1). Pero a causa de los pecados de Salomón, de Egipto vendría un adversario enviado por Dios.

Una vez que Hadad supo que los dos hombres que derrotaron a su padre—David y Joab—habían muerto, decidió regresar al norte. Él fue quien causó grandes problemas a Salomón como guerrillero quizá durante muchos años, tal como Dios lo había anunciado.

□ Un amargo adversario 1 Reyes 11:23-25

Rezón se menciona sólo en este pasaje, sin embargo, los eruditos lo conectan con 2 Samuel 10:1-17. Se cree que Rezón no se sometió a Hadad-ezer y, más tarde, al rey David. Como resultado, estableció el reino de Aram-Damasco (a veces traducido como Siria), que se convirtió en un duro aguijón para el pueblo de Dios ( 1 Reyes 20). Esta fuente de

problemas probablemente se originó con la desobediencia de Salomón.
Estas dos fuentes de adversidad surgieron de las victorias de David. En 2 Samuel 10:19, los reyes aliados con Hadad-ezer se rindieron a Israel como resultado de las victorias mili­ tares de David por mano de Dios. Estos enemigos ya derrotados, serían instrumento de

Dios para la adversidad que Salomón enfrentó por su obstinada rebelión.
Dios nos llama a más que meras prácticas religiosas. La bendición de Dios está sobre nosotros no solo por ir a la iglesia, dar al ministerio y las misiones, participar en los ser­ vicios de adoración e invitar a nuestros vecinos a la iglesia. Nuestro andar con Dios tiene como fundamento el compromiso con Él y la obediencia a sus mandamientos. Cualquier sacrificio que hagamos es secundario a vivir como su hijo y someternos a Él como Señor {véase 1 Samuel 15:22).

Parte 3-Las consecuencias de la desobediencia

□ El reino será roto 1 Reyes 11:26-39

Jeroboam era un oficial muy capaz de la corte de Salomón. Ahías, un profeta con quien se encontró cuando salía de Jerusalén, vestía un manto nuevo, el cual rasgó en doce pedazos, dando diez a Jeroboam. El profeta explicó que era la voluntad del Señor que la nación se dividiera (v. 31). Una tribu—Judá—sería preservada para el linaje de David, mientras que diez se separarían (1 Reyes 11:32). Por supuesto, 1+10=11, no 12, que es el número de las tribus de Israel. Históricamente, hubo doce tribus. Pero con el tiempo, Benjamín fue absorbida por Judá (véase 1 Reyes 12:21-23). Ahías profetizó que las tribus del norte se separarían, El Reino del Sur sería una sola tribu, gobernada primero por Roboam, hijo de Salomón. El Señor bendeciría al Reino del Norte sólo si Jeroboam y el pueblo seguían sus caminos y obedecían sus mandamientos (w. 37,38). No lo hicieron (véase 1 Reyes 12:25-33), pero la promesa de esperanza permaneció: «Afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre» (11:39).

□ Un camino trágico comienza con la rebelión 1 Reyes 11:40-43

Salomón se enteró de la profecía de Ahías y trató de matar a Jeroboam, quien huyó a Egipto. Allí Jereoboam encontró refugio con el rey Sisac, que se convirtió en su aliado y más tarde atacó Jerusalén (véase 14:25). Después de un reinado de cuarenta años que comenzó con grandes promesas pero terminó trágicamente, Salomón murió y fue sepultado en Jeru­ salén. Cuando su hijo Roboam ascendió al trono, siguió un mal consejo (véase 1 Reyes 12:1-20), lo que empeoró la hostilidad entre las tribus del norte y del sur y condujo a una rebelión que dividió el reino. La idolatría y las prácticas paganas «Le enojaron (a Dios) más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron» (1 Reyes 14:22).

¿Qué nos dice Dios?

Esta lección incluye al menos cuatro ocasiones en que Dios dijo que retuvo castigos espe­ cíficos por amor a «su siervo David». Aun cuando el pecado parece invadir al mundo que nos rodea, las promesas de Dios de restauración y un futuro glorioso siguen siendo ciertas para todos aquellos que lo buscan.

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Por Editorial VIDA

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