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La construcción del templo (23) dominical

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Al leer el texto de hoy, es difícil siquiera imaginar la belleza y el esplendor del templo. La mayoría de nosotros probablemente nunca hayamos visto la can­ tidad de oro que se usó en su construcción. Pero aun más significativo que el valor material del templo, fue el momento en que el Arca del Pacto fue traída al templo y la presencia del Señor llenó el lugar.

En Lucas 16:10-13, Jesús enseña acerca de la fideli­ dad en cosas que podrían considerarse «pequeñas» o indignas de mucha atención. Cuando miramos la parábola anterior (w. 1-9), vemos que Él tiene más que asuntos espirituales a la vista. De hecho, la fide­ lidad de uno en los detalles «espirituales» a menudo se confirma en la fidelidad práctica y cotidiana con respecto a las cosas tangibles—en este caso, el dinero.

Salomón prestó mucha atención a los innumera­ bles detalles pertinentes a la construcción del templo. En la lección de hoy, notaremos cómo el rey tuvo cuidado de seguir las instrucciones de Dios al pie de la letra. Tal ejemplo puede hablarnos hoy cuando nos proponemos ser fieles a Él en todo lo que hacemos— ya sea obedeciendo Sus mandamientos o mostrando integridad al interactuar con amigos y vecinos.

Parte 1-Sabios preparativos para la construcción

□ Ayuda de un amigo 1 Reyes 5:1-12

El relato de la construcción del templo comienza mencionando la amistad de David con el rey Hiram de Tiro, de quien se habla por primera vez en 2 Samuel 5:11 cuando Hiram envió madera de cedro, carpinteros y canteros para ayudar a construir el palacio de David. Tiro era una ciudad estratégica tanto por razones militares como económicas. Israel tam­ bién contaba con una posición estratégica, formando un puente terrestre entre el desierto al este y el mar al oeste. Acomodaba el comercio entre los imperios del norte y del sur, aumentando la prosperidad de Israel.

Los cedros del Líbano eran muy apreciados en la construcción, y los artesanos de Tiro (los «sidonios» en el versículo 6) eran conocidos por su excepcional talento. Una alianza amistosa entre Israel y Tiro beneficiaría a ambos y proporcionaría los medios para «edifi­ car casa al nombre de Jehová mi Dios» (v. 5). Salomón buscaba honrar al Señor en lugar de honrarse a sí mismo—-un buen principio que debemos tener en cuenta.

El rey Hiram prometió suministrar todo lo necesario a cambio de una gran cantidad de dos de los productos más importantes de Israel: trigo y aceite de oliva. Los dos formaron una alianza que serviría bien a Salomón mientras él y la nación prosperaban.

Podemos aprender mucho del trato de Salomón con Hiram. Si bien Santiago 4:4 nos advierte contra la «amistad del mundo», la frase el mundo se usa a menudo para identificar los sistemas impíos del mundo. Es sabio cultivar buenas relaciones con los demás.

□ Reuniendo los materiales 1 Reyes 5:13-18

Salomón mostró gran organización al enviar treinta mil hombres israelitas al Líbano en turnos rotativos de un mes. Esto permitía que cada hombre estuviera en casa durante dos meses antes de volver a trabajar (1 Reyes 5:13,14). Los setenta mil «que llevaban las cargas» (v. 15) o provisiones, a quienes se les unieron ochenta mil cortadores de piedra y tres mil seiscientos supervisores. Esta fue una operación compleja, considerando el hecho de que Jerusalén y Tiro estaban separadas por más de cien millas [160,9 km]. El versículo 18 tam­ bién menciona a «hombres de Gebal», quienes ayudaban a preparar la madera y la piedra para el templo antes de enviarlas al sur, a Jerusalén.

Diversos talentos y roles—sobre todo sabiduría—fueron necesarios para el proyecto. En el ámbito espiritual, estamos llamados a usar los dones y talentos que Dios nos ha dado y a utilizar la sabiduría que Él da a quien la pida. Los líderes sabios evalúan las habilidades que Dios les ha dado, como también las de sus hermanos en la fe. Algunos roles son más prominentes, como los supervisores y cortadores en 1 Reyes 5:15,16. Otros trabajan entre bastidores. Sin embargo, Dios ha establecido cada uno de nuestros roles para que podamos operar juntos como Iglesia.

Parte 2-EI templo es construido

□ Una edificación suntuosa 2 Crónicas 3:1 a 4:22

El templo estaba a punto de hacerse realidad. Su ubicación en el Monte Moriah lo conec­ taba con el sacrificio sustitutivo de Dios, ya que este era el lugar donde Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac hasta que Dios proveyó un carnero (Génesis 22:1-14). A partir de la época de Abraham, el Monte Moriah fue llamado «Jehová proveerá» (v. 14).

La construcción del templo comenzó en el cuarto año del reinado de Salomón y con­ tinuó durante siete años. Hay un énfasis repetido en los metales preciosos, en particular el oro, que aumenta de calidad a medida que uno avanza hacia el Lugar Santísimo: «oro puro» en 3:4; «oro fino» en el versículo 5; y «oro de Parvaim» (probablemente en Arabia) en el versículo 6. En el templo se utilizaron cantidades asombrosas del oro más fino dispo­ nible. El versículo 8 menciona seiscientos talentos o aproximadamente cuarenta y dos mil libras [19.050,88 kgj—y eso era solo para el Lugar Santísimo.

El capítulo 4 describe la inmensidad del edificio y la grandiosidad de su contenido. El altar de bronce, un cuadrado que medía entre treinta y treinta y cinco pies [9,1-10,7 mt] y más de quince pies [4,6 mt] de alto (w. 1-3) les recordaba a los adoradores que sólo se podían acercar a Dios después de hecha la expiación. El «mar» de bronce (v. 4), usado por los sacerdotes para el lavado ceremonial, medía entre quince y diecisiete pies [4,6-5,2 mt] de ancho y más de siete pies [2,1 mt] de alto. Se enumeran muchos utensilios, especial­ mente aquellos terminados por Huram-abi, el artesano talentoso enviado por el rey Hiram (véase 2:13). Se registró la cantidad de oro utilizado, pero la cantidad de bronce aparente­ mente fue tal que no se pudo calcular (4:18).

□ Camine, obedezca y guarde 1 Reyes 6:11-13

En la descripción del templo, Dios promete morar entre su pueblo y nunca abandonarlo «si…» (v. 12). Lamentablemente, el pueblo olvidó la condición de Dios para cumplir sus promesas: «si anduvieres en mis estatutos e hicieres mis decretos, y guardares todos mis mandamientos» (v. 12). Estos versículos son eco de la Ley, en Levítico 26:1-13.

A menudo pasamos por alto la Ley del Antiguo Testamento porque seguimos a Cristo. Sin embargo, Jesús dijo que quien diga amarlo, guardará sus mandamientos (Juan 14:15), y además Él no vino a abolir la ley sino a cumplirla (Mateo 5:17). Él define el verdadero significado de la Ley (w. 21-48), resaltando las motivaciones y los deseos internos de una persona. Aunque estos mandatos no son los medios para la salvación, la cual se logró a través de la muerte y resurrección de Cristo, y se recibe por gracia mediante la fe (Efesios 2:9,10), sí están destinados a liberarnos para vivir la vida abundante en Cristo (véanse Mateo 11:28-30; Juan 10:10).

Parte 3-La presencia de Dios llena el templo

□ Los utensilios sagrados son traídos a la Casa 2 Crónicas 5:1-6

Salomón hizo traer el tabernáculo y sus utensilios al templo (2 Crónicas 5:5). La mención de David en el versículo 1 proporciona continuidad entre los dos reyes, y refuerza el hecho de que Dios estaba obrando dentro del pacto que había hecho con Israel. Esta continuidad se amplió cuando se convocó a todos los líderes de las tribus de Israel (v. 2). Los levitas y los sacerdotes tenían la tarea de traer los artículos del tabernáculo y el arca del pacto de la tienda que David había levantado para ella (w. 3-5).

Toda la nación ofreció sacrificios a Dios «delante del arca» (v. 6). Las Escrituras tienen cuidado de describir el acto de devoción de Israel en términos de unidad perfecta. Los sacrificios que ofrecieron fueron tan numerosos que no se podían contar. Dios desea que su pueblo sea uno en corazón y mente. Esto no es uniformidad, porque hay diversidad en el pueblo de Dios. Más bien, Dios desea que vengamos a Él como un solo Cuerpo, unidos en fe y devoción, para servirle en humilde adoración. En Juan 17:20-24, Jesús oró que los discípulos y las generaciones siguientes estuvieran unidos para Su gloria.

□ La gloría del Señor llenó la Casa 2 Crónicas 5:7-14

Una vez que el arca fue llevada al Lugar Santísimo (2 Crónicas 5:7-10), los sacerdotes regresaron al área exterior del templo y alabaron al Señor, y una nube llenó el templo (v. 13). Con reminiscencias de una escena similar en Éxodo 40:34,35, la nube comunicaba la presencia asombrosa de Dios y su gloria inaccesible. También transmitía su inmenso poder y dominio sobre todo el mundo natural (véanse Salmos 29:3-9; 97:2; 104:3).

Los sacerdotes no pudieron seguir ministrando. La presencia de Dios pondrá de rodi­ llas a su pueblo, ya sea literalmente o de corazón y mente. En la presencia del Señor, se nos recuerda nuestra condición ante Él y cuán desesperadamente lo necesitamos.

¿Qué nos dice Dios?

La descripción de Dios, preparando un lugar para morar entre su pueblo y luego llenando ese lugar con su presencia, es tanto gloriosa como impactante. Anhelamos la presencia de Dios, y Su presencia siempre nos lleva a la adoración y el examen introspectivo.

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Por Editorial VIDA

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