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LA CORONACION DE SALOMON un evento con grandes lecciones para la vida nuestra

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A veces pensamos que hacemos la voluntad de Dios, no habrá oposición y todo marchará sobre ruedas. Sin embargo, aunque Dios tiene un plan, a menudo experimentamos oposición y dificultad en el camino. Tal fue el caso de Salomón. Años antes, Dios había declarado que Salomón sería el sucesor de David en el trono de Israel, pero había un enemigo que deseaba frustrar el plan de Dios y adueñarse del trono, el pro­ pio hermano de Salomón. Dios usó al profeta Natán y a la esposa de David, Betsabé, para cumplir su plan.

Al comenzar este estudio, David estaba por morir. Era el momento de pasar el trono a su hijo Salomón. Este era el deseo de David, y también era el plan de Dios. Sin embargo, Adonías, el hijo mayor sobrevi­viente de David, tenía su propio plan respecto a esta poderosa posición. Sin embargo, a pesar de la ambi­ción de Adonías, la voluntad de Dios se cumpliría.

Parte 1-Adonías compite por el trono

□ Adonías se declara rey 1 Reyes 1:1-27

El reinado de cuarenta años de Salomón marcó la época más próspera y unificada de los seiscientos años que el pueblo de Dios vivió como nación inde­pendiente en el Antiguo Testamento. Pero, su transi­ción al poder no fue fácil. Si bien David había hecho grandes cosas para Dios, no había gobernado bien a su familia. Él había declarado a su hijo Salomón como sucesor (véase 1 Crónicas 22:2-13), pero Adonías trató de afirmarse como rey (1 Reyes 1:5-10). Joab, el jefe del ejército de David, y Abiatar, el sacerdote, lo apoyaron (v. 7). Adonías era mayor que Salomón (2 Samuel 3:4), por lo que tal vez se sintió justificado en su reclamo del trono a pesar de la elección de Dios (1 Reyes 1:13; véase 1 Crónicas 22:8-10). Reunió a personas de poder a su alrededor que lo apoyaran, y excluyó a aquellos leales a su oposición (1 Reyes 1:9-10). Para su fiesta de coronación, eligió un lugar cerca de Jerusalén para que los que estaban dentro de la ciudad pudieran escuchar lo que estaba pasando. Pero Natán el profeta inició un plan para frustrar a Adonías. Le pidió a Betsabé que le recordara a David los planes de Dios para Salomón, asegurándole que él los confir­maría (w. 11-14).

Al acercarse a David (v. 17), Betsabé usó sabiduría y el discernimiento: Primero, señaló que David estaba perdiendo contacto con los eventos del reino (v. 18); segundo, identificó a los cómplices de Adonías (v. 19); tercero, le recordó a David que toda la nación estaba esperando para conocer a su sucesor (v. 20); y cuarto, señaló que ella y Salomón enfren­ tarían consecuencias horribles después de la muerte de David si no actuaba (v. 21). Natán entonces preguntó si David tenía la intención de que Adonías fuera rey (v. 24). Betsabé y Natán confrontaron al gran rey con algunas duras realidades con el fin de evitar conflictos a medida que se desarrollaba el plan de Dios.

□ El rey David declara rey a Salomón 1 Reyes 1:28-53

La debilidad de David para gobernar a su familia fue evidente en Amnón y Absalón (2 Samuel 13:1-33; 15:1 a 18:33). Si bien no podía cambiar el pasado, se ocupó del pro­ blema presente y las necesidades del futuro (1 Reyes 1:28-53).

Después de que Natán lo instó a tomar una decisión, David llamó a Betsabé para ase­ gurarle que Salomón ciertamente sería rey (w. 28-31), y pidió la coronación de Salomón (w. 32-40). Esta coronación involucraría al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y al líder militar Benaía. Salomón fue llevado en la mula del rey al manantial de Gihón, cerca del lugar donde descansaba el arca del pacto. Allí, el toque de la trompeta marcaba la corona­ ción que iniciaría el traspaso del poder y el cumplimiento de las promesas de Dios a David en 2 Samuel 7:7-17, que finalmente culminarían en Cristo, el eterno Rey de reyes.

Adonías oyó el toque de la trompeta y se enteró de lo que estaba sucediendo (1 Reyes 1:41-51), por lo que huyó al altar del Señor. Sabía que el mismo destino que había planeado para Salomón ahora podría acontecerle. Pero Salomón no permitiría que esta ocasión fes­tiva fuera un día de muerte, y perdonó la vida de Adonías—por el momento (w. 52,53). Aunque Adonías trató de usurpar el trono, los planes de Dios para su pueblo se cum­plieron. Ninguna conspiración humana podría cambiar eso. Nosotros también podemos confiar que Dios nos cuidará en tiempos de crisis cuando el futuro parece incierto.

Parte 2-David renuncia al trono

□ David ofrece una oración 1 Crónicas 29:1-20

Las Crónicas fueron escritas después del exilio babilónico, y relatan muchos de los mis­ mos sucesos que los libros de Samuel y de Reyes, pero transmiten un significado teológico más amplio de los eventos—gran consuelo para los exiliados que regresaban. Estos libros mostraron que Dios tenía un gran propósito para su pueblo y que su propósito perduraba.

Observe la amonestación de David al pueblo en la coronación de Salomón (1 Crónicas 29:1-9). Así como el pueblo se había unido en torno a David, ahora tendría que unirse en torno a Salomón, que era joven e inexperto. Además, David dice: «Solamente a Salomón mi hijo ha elegido Dios» (v. 1).

Luego David ofreció una oración profunda y sincera ante el pueblo (29:10-19). El Dios a quien servían era, y es, eternamente soberano. Es insuperable en grandeza, poder y esplendor. Toda la creación es suya. Cada bendición que su pueblo recibe proviene de Él, y por lo tanto todo el honor y la alabanza se le deben a Él, en adoración a su santo nombre. David oró que Dios continuara obrando a través de Salomón y que el pueblo de Dios conti­ nuara amándolo a Él (v. 18). Todos los creyentes pueden hacer esta oración (véase Hebreos 11:6). Tales oraciones se basan en la fe.

□ Salomón es reconocido como rey 1 Crónicas 29:21-25

Los comentaristas han descrito 1 Crónicas 29:21-25 como una especie de «continuación» de la descripción de la coronación de Salomón en 1 Reyes 1:28-40. Esta pudo haber sido una segunda ceremonia enfocada en la unción de Salomón además de la declaración pública de su realeza. Los sacrificios presagiaban la adoración en el templo que pronto sería construido e indicaba la devoción a Dios que tenían David, Salomón y el pueblo.

Aunque Salomón desobedeció al Señor más adelante en su vida, el versículo 23 muestra que la prosperidad durante el reinado de Salomón vino por mano de Dios. El éxito de Salo­ món, como el de David, solo podían atribuirse a Dios: «Y Jehová engrandeció en extremo a Salomón a ojos de todo Israel, y le dio tal gloria en su reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel» (v. 25). Estas fueron grandes promesas para los exiliados que regresaban—y para los creyentes hoy. La bendición de Dios es maravillosa e inmensurable.

Parte 3-Salomón asume el trono

□ Adonías vuelve a conspirar 1 Reyes 2:13-25

Con amargura en sus palabras, Adonías se lamentó a Betsabé: «El reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano, porque por Jehová era suyo» (v. 15). Esto reflejaba los sen­ timientos negativos de Adonías hacia su padre David—y hacia el Señor. También hizo una petición ridicula: casarse con Abisag, la última concubina de David. Tal matrimonio presentaría a Adonías como una amenaza para el rey Salomón ( 2 Samuel 16:21,22).

Betsabé accedió a la súplica de Adonías de pedir este favor a Salomón, pero Salomón
entendió el plan de Adonías y ordenó su ejecución. Había una justificación para esto, como
una forma de proteger el reino, Salomón citó específicamente su unción de Dios para ser el
rey de su pueblo ( véase 1Reyes 2:24). Dios confirmó que su promesa a David se cumpla a  través de Salomón.

Cuando experimentamos desafíos al seguir el plan de Dios, debemos recordar que somos solo una pequeña parte de los planes mayores de Dios, que no pueden ser frustra­ dos por ningún complot humano.

□ Salomón vence a sus conspiradores 1 Reyes 2:26-46

El recién coronado rey Salomón trató con los que habían conspirado contra él y contra la voluntad de Dios. El sacerdote Abiatar fue desterrado a Anatot (una de las ciudades de los levitas; véase Josué 21:13-18). Su vida fue perdonada debido a su asociación anterior con David (1 Reyes 2:26,27). Joab fue ejecutado a pesar de que huyó al altar del Señor. Shumei, un hombre engañoso que había socavado a David, finalmente fue asesinado también (1 Reyes 2:30-46; véase también 2 Samuel 16:5-13). Estas descripciones brutales reflejan las graves consecuencias de oponerse a los planes de Dios.

¿Qué nos dice Dios?

Cada cristiano, sin importar su lugar en la iglesia, necesita un liderazgo espiritual fuerte y piadoso. Haríamos bien en orar que Dios levante líderes piadosos y, que luego continúe obrando en la vida de ellos mientras conducen a los demás creyentes por los caminos del Señor.

 

 

lección 21 tomo 6 para estudiar – Escuela Dominical –

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Por Editorial VIDA

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