in

La santidad de la vida humana – toda vida humana debe valorarse.

AREA DE DESCARGA

Archivo Tamaño de archivo Descargas
pdf Lec 8 - La santidad de la vida humana (22 de octubre) Alumno 166 KB 855
pdf Lec 8 - La santidad de la vida humana (22 de octubre) 306 KB 897

Uno de los temas más divisivos en muchas culturas hoy en día es el tema de la santidad de la vida, que a menudo se centra en cuándo comienza la vida, pero también debate la calidad de la vida y cuándo termina realmente la vida. En general, la Iglesia suele estar del lado de la vida, pero a menudo no articulamos cla­ ramente las razones de esa posición. En esta lección, comentaremos algunas de las razones por las que la vida es tan valiosa y cuál debería ser nuestra respon­ sabilidad al abogar por la vida.

Definición: Santidad de la vida

Mayormente se considera que el aborto es el problema principal relacionado con la santidad de la vida, y no hay duda de que es importante. Pero, ¿puede pensar en otros problemas de la sociedad que nos exijan defender el valor de cada vida humana?

Aunque contracultural, la perspectiva correcta sobre el valor de la vida humana se revela a través de las enseñanzas de la Biblia y la dirección del Espíritu. Cuando confiamos en estos y construimos nuestra vida sobre su fundamento -o sea, todo lo que dicen sobre la santidad de la vida y el carácter de Aquel que la creó y la sustenta— podemos comparar las ideas del mundo con la verdad de Dios.

Parte 1—Creados a imagen de Dios

□ El valor de la vida Génesis 2:4-7,18-22

Dios habló, y creó plantas, peces, pájaros, animales— todos los seres vivientes. Pero tuvo un enfoque dife­ rente cuando creó al ser humano, mostrando el valor único que le otorga. Después de formar al hombre del polvo, «sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7). Lleno del aliento de Dios, Adán era diferente del resto de la creación, demostrando la forma única en que Dios interactuaría con la humanidad.

El cuidado de Dios por los humanos también es evidente cuando reconoció que Adán no tenía la compañía adecuada. Dios determinó «hacer ayuda idónea para él» (v. 18). Después de ponerle nombre a todos los animales, Adán no había encontrado a la ayudante adecuada, por lo que Dios usó una de las costillas de Adán para crear una mujer, que más tarde se llamaría Eva (2:21,22; 3:20). El valor que Dios le da a la humanidad se manifiesta a través de su cuidado y provisión para sus necesidades.

□ A Su imagen Génesis 1:26-28

¿Alguna vez en un museo que ha visitado, ha visto una multitud de personas reunidas alrededor de una pintura sorprendentemente común? Es probable que la obra de arte fuera famosa por el artista que la creó y no por su propia belleza. Del mismo modo, cada persona en la tierra es una obra maestra —independientemente de su apariencia, inteligencia o riqueza— debido a Aquel que los creó (véase Efesios 2:10). Dios no solo formó a Adán y Eva, sino que los selló con «su imagen» (Génesis 1:27).

A diferencia del resto de la creación, el ser humano lleva la semejanza misma de nuestro Creador. Esa semejanza le da a cada persona valor y debería afectar la forma en que nos tratamos unos a otros. Dios le explicó a Noé que Su imagen en cada persona es la razón por la que se prohíbe el asesinato (9:6).

Llevar la imagen de Dios establece nuestra identidad, pero también nos da autoridad (véase Salmo 8:4-8). Al igual que Adán y Eva, trabajamos en nombre de Dios para cuidar de las cosas y las personas que Él ha creado, combinando la oración con la acción para que Su voluntad se haga «como en el cielo, así también en la tierra» (Mateo 6:10). Cuando reconocemos la imagen de Dios en nosotros mismos y en los demás —y comenzamos a comprender lo que eso realmente significa— nos tratamos unos a otros con respeto y valoramos la vida humana en cada etapa.

Parte 2-La vida comienza en la concepción

□ El momento de la vida Salmos 139:13-16

El milagro de la vida no comienza en el segundo trimestre o cuando un bebé desciende por el conducto natal. La vida comienza en el momento de la fertilización, cuando la compo­sición genética de un bebé está completa. El niño tiene cuarenta y seis cromosomas en el momento de la concepción, veintitrés de cada padre. Totalmente vivo y totalmente único, el bebé se compone instantáneamente de cincuenta mil genes, que determinan el sexo, el color del cabello, el tipo de cuerpo, el tono de la piel y muchas otras características. David seguramente no sabía estos detalles científicos, pero sí entendía el milagro que ocurría cuando alabó a Dios por sus obras (v. 14).

Para Dios, ningún ser humano es una sorpresa o un error. Incluso un niño concebido en circunstancias terribles tiene un futuro de acuerdo con el plan de Dios. «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego for­ madas, sin faltar una de ellas» (v. 16). Cuando vemos a una persona desde la perspectiva de Dios, vemos una creación asombrosa, una vida valiosa para la cual Dios tiene un plan.

□ La personalidad de la vida Jeremías 1:5; Lucas 1:39-44

El aborto frustra el propósito de Dios para una vida. Dios llamó a Jeremías para un propó­ sito específico antes de que hubiera nacido: «Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones» (Jeremías 1:5).

El Nuevo Testamento también refuerza la cualidad de persona de un niño nonato. En Lucas 1:26-38, el ángel Gabriel visitó a María y el Espíritu Santo descendió sobre ella, concibiendo al Mesías. Más tarde, viajó de Nazaret para visitar a su prima Elisabet. Seis meses antes, un ángel del Señor se había aparecido en el templo y le había dicho al sacer­ dote Zacarías que él y Elisabet tendrían un hijo «y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre» (Lucas 1:13,15).

Cuando María saludó a Elisabet, «la criatura saltó en su vientre» (v. 41). Este no era un movimiento típico de un bebé, sino la emoción de gozo, una señal de que Juan ya estaba dirigiendo la atención al Mesías. Concebido milagrosamente y apartado para un propósito, el nonato Juan puede no haber sido médicamente viable, pero demostró ser una persona.

Si bien no todo bebé está lleno del Espíritu Santo antes del nacimiento, cada concep­ ción resulta en una persona que tiene un propósito. Permitir que el mundo pecaminoso defina a una persona le otorga el poder de la vida y la muerte a seres humanos en vez de dejarlo en manos de Dios, donde corresponde. Cuando hacemos esto, sufrimos los resulta­ dos, tanto el juicio contra todo pecado, como las terribles consecuencias del aborto ahora.

Parte 3—Dios da y sustenta la vida

□ El aliento de vida Isaías 42:5; Job 33:4

Muchas sociedades justifican el quitar la vida. Uno de los grupos más atacados son los niños en gestación, pero los ancianos, los pobres y las personas con discapacidades tam­bién son desvalorizados. Los gobiernos, algunos profesionales legales y médicos y las familias tratan de decidir quién es digno de vivir.

Dios sopló su aliento de vida en Adán, pero no se detuvo ahí. Isaías dijo: «[Jehová] da aliento al pueblo que mora sobre ella [la tierra]» (Isaías 42:5). El libro de Job dice: «El Espí­ ritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida» (Job 33:4). Toda persona viva ha recibido el don de la vida sólo de Dios.

El valor de un niño no está determinado por los detalles de la concepción, incluyendo la violación y el incesto. Aquel que formó a ese niño determina su valor. El concepto de que la muerte es una opción cuando un niño ha sido concebido en forma violenta saca a Dios de la ecuación, acaba con una vida inocente y agrega más trauma a una mujer victimizada.

A un niño por nacer se le diagnostica una enfermedad incurable y un médico podría recomendar el aborto. ¿Debemos nosotros desempeñar el papel de Dios, declarando a un niño indigno de la vida y acusar a Dios de un error? Cuando elegimos la muerte, cruzamos al territorio que le pertenece solo a Dios.

□ El sustentador de la vida Job 34:10-15; Hechos 17:24-28

En Job 34, Eliú declara: «Si él [Dios]…recogiese así su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo» (w. 14,15). A diferencia de los otros tres amigos de Job que Dios reprendió por hablar fuera de lugar (véase 42:7), Eliú habla por Dios. Lo que Eliú declara en Job 34:10-15 nos recuerda que la vida misma está bajo el control de Dios. Dios es el sustentador de la vida. Como Pablo explicó a la gente de Atenas,

«Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas….Porque en él vivimos, y nos move­ mos, y somos» (Hechos 17:24-25,28). Este conocimiento debería inspirar la forma en que usamos nuestra propia vida y la forma en que respetamos la vida de los demás.

;Qué nos dice Dios?

La vida humana es sagrada, y solo Dios tiene la máxima autoridad sobre la vida. Debemos de abogar por la vida y reconocer Su imagen en todas las personas.

Que te pareció? califica

0 Calificaciones
Upvote Downvote
Foto del avatar

Por Editorial VIDA

Temas interesantes para la iglesia Cristiana, de varios predicadores y maestros apegados a la Santa Biblia, nos presentan estas lecciones y sermones que pueden ser de gran utilidad en tu Ministerio. Se publica el contenido sin detrimento de nadie considerándolo solo Palabra de Vida. Los derechos de este contenido se respeta y se otorga a la editorial. Si lo usas, haz la referencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Obra musical MAS QUE UNA TRADICION(NAVIDAD) ideal para presentar en iglesias, teatros

Obra musical temática a la Navidad. MAS ALLA DE LAS SOMBRAS – úsalo en tu iglesia o teatro