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NADIE PUEDE SERVIR A DOS SEÑORES – La doctrina bíblica sobre las finanzas por Pbro Fernando Figueroa

Fecha:

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Título: La doctrina bíblica sobre las finanzas

Base bíblica: 1 Timoteo 6:17-19

Contenido

1. Rechazo del amor al dinero
2. Cuidado con la discriminación a causa de la condición financiera
3. Advertencias y amonestaciones de Santiago.

Introducción

La prosperidad no está fuera del plan de Dios para sus redimidos ni es vista en la Biblia como pecado. El reclamo bíblico está dirigido hacia aquellos que enriqueciéndose pierden su devoción al Señor y vuelcan su interés en lo acumulado. El mensaje del Señor es claro; no debemos confiar en las riquezas porque pueden disiparse como polvo, poner el corazón y la confianza en ellas es la peor decisión que un creyente pue­ de tomar.

1. Rechazo del amor al dinero

La doctrina cristiana rechaza el amor al dinero. Así lo comprobamos por esta porción:

“A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vi­vo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrute­mos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo porvenir, que echen mano de la vida eterna. ”(1 Ti. 6:17-19).

feso era una ciudad opulenta y la iglesia allí probablemente tenía muchos miembros ricos. Pablo le aconseja a Timoteo que les enseñe a los creyentes en ese lugar que la posesión de riquezas involucra una gran responsabilidad. Bien puede ser que Pablo quisiera evitar el surgi­miento de un problema potencial en el que los creyentes fueran arras­trados por el interés material por conseguir riquezas, o tal vez pudiera estar corrigiendo una tendencia equivocada en los creyentes ricos de aquella congregación.

De cualquier modo, la enseñanza apostólica indica que los que tie­nen dinero deben ser generosos, pero al serlo, no deben mostrarse arro­gantes sólo porque tienen mucho que dar. Algunos creyentes que pue­ den hacer cuantiosas donaciones a la iglesia manifiestan también un es­píritu de superioridad y un deseo de control, valorando lo que ellos son por la cantidad de dinero con que contribuyen a la iglesia. Tal es una ma­ la motivación y un mal manejo de las riquezas que Dios les ha otorga­ do. El consejo de Pablo es “que no sean orgullosos ni pongan su espe­ranza en sus riquezas, porque las riquezas no son seguras” (DHH).

Pablo enseña que los creyentes que logran riquezas materiales de­ben tener cuidado en no poner su esperanza en el dinero como garante de su seguridad, sino más bien “en el Dios vivo”. Les ordena “que ha­gan el bien, que se hagan ricos en buenas obras y que estén dispues­tos a dar y compartir lo que tienen.”(DHH).

En estos mandamientos apostólicos resalta el hecho del beneficio que obtiene el creyente que pone su confianza en Dios antes que en los recursos financieros o materiales. Pablo les aconseja a los creyentes ri­cos “que pongan su esperanza en Dios, el cual nos da todas las cosas con abundancia y para nuestro provecho.” (DHH).

Esto indica además que, aun en el caso en que el creyente no posea una cuantiosa riqueza material, puede ser rico en buenas obras, si tales obras proviene de su confianza en Dios, “quien nos da todas las cosas con abundancia y para nuestro provecho ” Dios es la fuente última del sustento material del creyente. Por esta razón, no importa cuán pobres seamos, siempre tenemos algo para compartir con alguien.

El consejo apostólico con relación al uso de las riquezas para el pro­vecho de la causa de Cristo libra a los ricos del dominio de la ambición y la avaricia, tan comunes entre “los ricos de este mundo”. Si tales per­sonas siguen esta enseñanza, entonces sus riquezas “les proporciona­rán una base firme para el futuro, y alcanzarán la vida verdadera.” (DHH). Al mismo tiempo, este consejo libera a los pobres de la ansiedad y el afán por conseguir riquezas materiales, pues al fin y al cabo, la base firme en que descansa su futuro es Dios. Al tener a Dios, tendrán también la verdadera vida.

El apóstol Santiago enfatiza también este principio ético que les en­señara Jesús mismo. Así lo comprobamos en sus palabras:

“El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exalta­ción; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador y la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así tam­bién se marchitará el rico en todas sus empresas. (Stg. 1:9-11).

Si recordamos que Santiago era hermano camal de Jesús y que lue­go devino en uno de los principales líderes de la iglesia primitiva, en­tonces comprenderemos mejor que quien promueve el enriquecimiento de los creyentes no está siguiendo la enseñanza de Jesús ni de sus após­toles.

Una vez más encontramos el principio de la confianza en Dios como garante del futuro del creyente. Santiago establece que ni el rico debe sentirse orgulloso de su riqueza ni el pobre avergonzado a causa de su pobreza, porque en definitiva “…el rico es como la flor de la hierba, que no permanece. Cuando el sol sale y calienta con fuerza, la hierba se seca, su flor se cae y su belleza se pierde. Así también, el rico desa­parecerá en medio de sus negocios.” (DHH).

2. Cuidado con la discriminación a causa de la condición financiera

Tal vez uno de los aspectos más crueles de la doctrina de la prosperi­dad que enseñan algunos por estos días es el menosprecio a los pobres y a los de escasos recursos financieros. Los acusan de falta de fe, de estar en pecado, y de ser religiosos ignorantes. Los consideran un bochorno para la causa de Cristo, quien supuestamente es rico y convierte en ri­cos a sus seguidores.

Sin embargo, el apóstol Santiago se encarga de responder desde el pasado histórico y doctrinal a la falsedad de esta actitud contemporánea que practican estos maestros de la prosperidad. En su reprobación de tal comportamiento, Santiago explica:

“Ustedes hermanos míos, que creen en nuestro glorioso Señor Je­sucristo, no deben hacer discriminaciones entre una persona y otra. Supongamos que ustedes están reunidos, y llega un rico con anillos de oro y ropa lujosa, y lo atienden bien y le dicen: “Siéntate aquí en un buen lugar” y al mismo tiempo llega un pobre vestido con ropa vie­ja ya este le dicen:“Tú quédate allá de pie o siéntate en el suelo”,en­tonces están haciendo discriminaciones y juzgando con mala inten­ción.

Queridos hermanos míos, oigan esto: Dios ha escogido a los que en este mundo son pobres, para que sean ricos en fe y para que reci­ban como herencia el reino que él ha prometido a los que le aman; us­tedes, en cambio, los humillan. ¿Acaso no son los ricos quienes los ex­plotan a ustedes, y quienes a rastras los llevan ante las autoridades?

¿No son ellos quienes hablan mal del precioso nombre que fue invo­cado sobre ustedes? ”(Stg. 2:1-7 DHH).

Hemos preferido en este caso utilizar la versión Dios habla hoy para que el lenguaje actualizado le permita a los creyentes de hoy entender bien el argumento de este escritor bíblico. Con ello Santiago demuestra la contradicción en que caen los que asumen esta actitud de menospre­cio y rechazo a la persona de bajos recursos financieros. Los aspectos que indican el error de este proceder son los siguientes:

  1. Es una conducta discriminatoria, contraria al criterio de Dios (ver Hch. 10:34; Gl. 2:6)
  2. Es una conducta malintencionada.
  3. Es una actitud que humilla a los que Dios decidió darle herencia en su reino.
  4. Es un proceder que gratifica a los causantes de la explotación y con­dena de los humildes y empobrecidos.
  5. Es una decisión que otorga honra a los que denigran el nombre de Je­sucristo.

3. Advertencias y amonestaciones de Santiago

La importancia de este asunto en la doctrina de Santiago se pone de manifiesto por la reiteración del tema un poco más adelante. En una abierta condena de las riquezas mal habidas, Santiago expresa con meri­diana claridad el destino que aguarda a los que buscan riquezas y se olvi­dan de la confianza en Dios:

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os ven­drán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comi­das de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho tes­tificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejér­citos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis con­denado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.” (Stg. 5:1- 6)

El punto central de las palabras de Santiago constituye una denuncia de las injusticias sociales y el atropello de los pobres a manos de los po­derosos y ricos. A estos últimos les dice que ellos “han amontonado ri­quezas en estos días, que son los últimos”, pero que “el pago que no les dieron a los hombres que trabajaron en su cosecha, está clamando con­tra [ellos]; y el Señor todopoderoso ha oído la reclamación de esos tra­bajadores.”

Con esta denuncia de la injusticia Santiago se hace eco del reclamo de Dios desde tiempos del Antiguo Testamento. Al perder el temor a su Dios, las personas importantes de la sociedad israelita de aquellos tiem­pos cayeron en las trampas de la codicia, la avaricia y el amor a las ri­quezas. Por consiguiente, la injusticia social y el atropello de los pobres se convirtió en la característica más repugnante de aquella sociedad. La denuncia de Dios viene esta vez por medio del profeta Jeremías:

“…este pueblo tiene corazón falso y rebelde; se apartaron y se fue­ron. Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová Dios nues­tro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo, y nos guarda los tiempos establecidos de la siega. Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas, y vuestros pecados apartaron de vosotros el bien. Porque fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban como quien pone la­zos, pusieron trampa para cazar hombres. Como jaula llena de pája­ros, así están sus casas llenas de engaño; así se hicieron grandes y ri­cos. Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los he­chos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿No castigaré esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se vengará mi alma?» (Jer. 5:23-29).

Así expresa Dios su disgusto por las injusticias que los hombres re­beldes e impíos ocasionan por su amor a las riquezas. Entre los grandes males que estas personas estaban practicando se encuentran los si­guientes:

1. Robo y rapiña. “Llenan sus casas de objetos robados, como se lle­nan de pájaros las jaulas. ”

2. Riquezas fraudulentas. “Así se hicieron poderosos y ricos, ”
3. Auto complacencia y egoísmo, “y están gordos y bien alimenta­dos. »
4. Maldad. “Su maldad no tiene límites: ”
5. Desamparo de los menesterosos, “no hacen justicia al huérfano”
6. Atropello del derecho del pobre, “ni reconocen el derecho de los po­bres. ” (DHH).

Aunque no todos los ricos se comportan de esta manera, una buena porción de los que se han enriquecido cuentan en su haber episodios se­mejantes a los descritos por Santiago. En consecuencia, Dios declara su enojo contra ellos y anuncia el juicio que les espera.

Si bien estas palabras no pueden ser vistas como un rechazo absolu­to a la prosperidad cristiana, el consejo que en este mismo contexto le entrega Santiago a los creyentes indica claramente que no es la búsque­da de la riqueza personal o incluso la batalla por la justicia social lo que debe acaparar la atención de los cristianos. Este es el consejo:

“Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia hasta que el Señor venga. El campesino que espera recoger la preciosa cosecha, tiene que aguardar con paciencia las temporadas de lluvia. Ustedes tam­bién tengan paciencia y manténganse firmes, porque muy pronto volverá el Señor” (Stg. 5:7,8 DHH) El creyente vive en justicia, procura la justicia y espera que le tra­ten con justicia, pero más que todo, espera con paciencia el día de la venida de Cristo, manteniendo Firme su fe y compromiso cristiano. Tal es el ejemplo que nos legó Moisés, quien tuvo por mayores ri­quezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón ” (He. 11:26).

tomado del libro del pastor Figueroa.

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Pbro. Fernando Figueroa González
Pbro. Fernando Figueroa Gonzálezhttps://asambleasmex.com/author/padreabraham20hotmail-com/
Ministro del Concilio de las Asambleas de Dios en México, Pastor, Lider nacional del DEC - Educación Cristiana, promotor de institutos bíblicos o seminarios teológicos. de buen corazon, siervo de Jesús y leal asambleista. (de los veteranos) (01-55) 3096.0223

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