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Desafíos actuales de la Iglesia – A través de Jesucristo, la Iglesia se mantendrá firme.

Nuestra fe es desafiada constantemente. Algunos de estos desafíos son ataques desde «afuera», de gente o sistemas sociales incrédulos controlados por el ene­ migo. Otros desafíos vienen de adentro. Para la Igle­ sia, los desafíos pueden venir de falsos maestros que alejan a los creyentes de la verdad. Los desafíos inter­ nos pueden venir también de nuestras propias dudas y deseos causados por el enemigo de nuestra alma que siempre está buscando una manera de alejarnos de Cristo. Debemos estar en guardia todo el tiempo.

El rango de respuestas a la pregunta anterior proba­ blemente se enfocará en la opresión desde afuera, así como en las luchas desde adentro. Esta lección cubre ambas. Muchos de los desafíos de la Iglesia Primi­ tiva provenían de la persecución, mientras que otros procedían de las falsas enseñanzas y de las luchas del pueblo por vivir de acuerdo con los mandatos de Dios. Hoy, al estudiar las Escrituras veremos cómo los apóstoles abordaron estas dificultades y estaremos mejor equipados para enfrentar los desafíos en la Iglesia de hoy.

Parte 1—Persecución de los creyentes

□ El primer mártir cristiano Hechos 7:51 a 8:1

Esteban, un diácono en la iglesia de Jerusalén, era un «varón lleno de fe y del Espíritu Santo» (Hechos 6:5). Él «hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo» (v. 8), pero como suele ser el caso, el ministerio ungido trajo oposición. Fue llevado ante el Sanedrín o concilio de líderes judíos (v. 12) y falsamente acusado de hablar blasfemias. En medio de las acusaciones, «todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel» (v. 15). En respuesta, Esteban pronunció un largo discurso (Hechos 7:2-53), que fue una reprensión a los líderes judíos. Eran tercos y pecadores, se negaban a escuchar la verdad y resistían al Espíritu Santo (v. 51). Rechazaron, traicionaron y asesinaron al Mesías (v. 52).

Los líderes judíos arrastraron a Esteban fuera de la ciudad para apedrearlo. «Lleno del Espíritu Santo», él tuvo una visión de Jesús de pie a la diestra de Dios (v. 55). La oración de Esteban sin duda enfureció más a los líderes. Al dirigir su oración a Jesús, estaba afir­ mando que Jesús era el Hijo de Dios. Sus últimas palabras fueron similares a la oración de Jesús en su crucifixión (w. 59-60; véase Lucas 23:34, 46). Hechos 8:1 marca el comienzo del cumplimiento de Hechos 1:8. Al huir de Jerusalén, los cristianos llevaron el evangelio a otros lugares. Mientras enfrentaban injusticias y falsas acusaciones, el Espíritu Santo les dio poder para compartir el mensaje de Cristo.

□ Concéntrese en la recompensa Apocalipsis 2:8-11

La carta a la iglesia de Esmirna es dura porque habían sufrido mucho por su fe, pero es esperanzadora porque Jesús conocía su situación. Esmirna era particularmente devota a Roma, y el antagonismo era fuerte. Los cristianos tenían dificultades para trabajar, lo que los mantenía empobrecidos (2:9). Las acusaciones contra los cristianos incluían: caniba­ lismo, lujuria, ruptura de hogares, ateísmo, deslealtad a Roma e incitación a conflictos.

Esta carta advertía que la persecución llevaría a los creyentes a prisión (Apocalipsis 2:10), un lugar para esperar la ejecución. Sin embargo, había una promesa esperanzadora. La corona de la vida esperaba a los que permanecían fieles. No sufrirían «daño de la segunda muerte» (v. 11). El versículo 8 describe a Jesús como «el primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió». Aunque murieran, Jesús había conquistado la muerte.

Tal vez nunca enfrentemos una persecución como la de Esmirna. Pero «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Timoteo 3:12). Nuestra esperanza en Cristo nos ayudará a soportar cualquier persecución.

Parte 2—Falsa enseñanza

□ La falsa enseñanza es engañosa 2 Pedro 2:1,18-22

Ahora nuestro enfoque se mueve de los desafíos externos a los internos. Pedro describió los peligros de los falsos profetas. Tal como en el Antiguo Testamento, estos profetas pro­ pagarían «herejías destructoras» y «aun negarán al Señor» (2 Pedro 2:1).

Él destaca la astucia de los falsos maestros para engañar a los creyentes en crecimiento. Secretamente se infiltran en la congregación con sus mentiras. Pedro describió los méto­ dos que usaban (w. 18,19), su discurso jactancioso, e invitaciones a sus oyentes a satisfacer sus deseos pecaminosos. Atraían a la gente, apelando a «concupiscencias de la carne». Es

posible que hayan estado enseñando que no habría juicio por los pecados sexuales.
Los métodos de los engañadores de hoy son similares. Lucen atractivos, y transmiten una confianza que parece genuina. Su mensaje parece bueno en la superficie, pero tergi­

versa la verdad y lleva a las personas a las garras del pecado, sometiéndolas a juicio.
La palabra traducida como «enredándose» (v. 20) implica un proceso deliberado y una elección intencional para volver al pecado. Pedro afirma que las personas que recha­ zan la santidad de Dios y escuchan las falsas enseñanzas habrían estado mejor si «nunca [hubieran] conocido el camino de la justicia» (v. 21). Una persona que rechaza la verdad de Cristo se vuelve casi inmune a su poder (véase Hebreos 10:26,27). Al ilustrar su punto usando perros y cerdos (2 Pedro 2:22), Pedro rechazó a los falsos maestros y sus mensajes.

□ No tolere las enseñanzas falsas Apocalipsis 2:12-17

Pérgamo, un centro de culto romano en la provincia de Asia (la actual Turquía), incluía templos a los dioses romanos y un enorme altar, probablemente dedicado a Zeus, que pudo haber sido «donde mora Satanás» (Apocalipsis 2:13). En medio de esta cultura idólatra, la iglesia se había mantenido fiel a Cristo. Pero estaban tolerando las falsas enseñanzas (w.14,15). El mensaje de Jesús se refiere a Balaam (véase Números 22-25), que promovió la rebelión del pueblo de Dios al llevar a algunos de los hombres de Israel a caer en la inmo­ ralidad y la idolatría (véase Números 31:16). Él se había vuelto sinónimo de todo tipo de maestros corruptos que conducían al pueblo a transigir espiritualmente.

En Pérgamo, esta transigencia implicaba el engaño de los nicolaítas (Apocalipsis 2:15). Las Escrituras no son claras sobre los detalles de la herejía de los nicolaítas. Uno de los padres de la Iglesia Primitiva los describió como seguidores de Nicolás de Antioquía (véase Hechos 6:5), un líder de la iglesia que había abandonado la sana doctrina. Se cree que modeló la autocomplacencia y enseñó que no importa cómo se comporten los cristianos.

Los creyentes que seguían la falsa enseñanza de los nicolaítas eran como los israelitas que siguieron el consejo de Balaam: en lugar de abandonar por completo su fe, asimilaron los valores de la cultura nicolaíta en sus creencias acerca de Dios. A menos que se arre­pintieran, enfrentarían el juicio (v. 16). Sin embargo, los que se apartaran de sus caminos pecaminosos y regresaran a Cristo podían esperar recibir una «piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe» (v. 17). El mensaje de Jesús es claro: los que se apartan del pecado y se mantienen fieles a Él experimentarán los gozos del cielo.

Parte 3-Una vida desordenada

□ Evite ios peligros de la vida ociosa 2 Tesalonicenses 3:10-13

Examinemos el contexto de 2 Tesalonicenses 3:10 —«Si alguno no quiere trabajar, tam­ poco coma». La palabra «desordenadamente» («ociosos», n t v ) en el versículo 6 tiene el sentido de estar fuera de línea con la forma en que los cristianos deberían comportarse. En el versículo 7, se refiere a la pereza o la falta de voluntad para ocuparse de las responsabi­ lidades propias. En el versículo 11, la ociosidad los había llevado a «entrometerse» en los asuntos de otros. La ociosidad deja a la persona desocupada, lo que da lugar a una serie de problemas como el chismorreo y el espíritu crítico. Las personas ociosas consumen recur­ sos destinados a cuidar de las personas que no pueden trabajar. También crean problemas adicionales que quebrantan el compañerismo de los creyentes. Ya sea que estén trabajando o descansando, los cristianos deben tener cuidado de usar su tiempo para la gloria de Dios.

□ Haga del cuidado mutuo su máxima prioridad Hebreos 6:9-12

Después de describir la apostasía de ciertos antiguos creyentes, el escritor de Hebreos expresó su confianza en que estos lectores estaban destinados a cosas mejores (6:9). El fruto de la justicia se podía ver en la forma en que servían a Dios y ayudaban a los necesi­ tados entre ellos (v. 10). Serían prudentes en protegerse contra la indiferencia y, en cambio, ser «imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas» (v. 12).

A medida que nos preocupamos unos por otros, tenemos ejemplos a seguir—en las Escri­ turas, en la historia de la iglesia y en nuestras propias congregaciones. Al acercarnos más a Dios y a nuestros hermanos en la fe, nos convertimos en ejemplos vivos que otros también pueden seguir.

¿Qué nos dice Dios?

El cuerpo de Cristo se compone de participantes activos, no de espectadores. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos soportar la oposición externa, buscar la verdad bíblica y doc­trinal y mostrar el amor de Dios.

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Por Editorial VIDA

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