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DIOS CREÓ AL ESPOSO Y LA ESPOSA El matrimonio ordenado por Dios es entre un hombre y una mujer.

El matrimonio ordenado por Dios es entre un hombre y una mujer.  Marcos 10:6,7 Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer.

Después de crear todo en la tierra, Dios creó a Adán, el primer hombre. Sin embargo, faltaba algo. Si bien todos los animales tenían contrapartes masculinas y femeninas, Adán no la tenía. Por primera vez, Dios dijo que algo «no [era] bueno» (Génesis 2:18). El hombre había sido creado para las relaciones, y tenía una relación con Dios. Sin embargo, Dios reconoció que Adán todavía necesitaba una compañera. Él creó a la mujer e instituyó el matrimonio para unirlos.

¿Qué inspira y le da un sentido de pertenencia al ser humano? La variedad de árboles que Dios puso en el huerto les proporcionó a Adán y Eva toda el alimento que necesitaban. Dios caminando entre ellos les dio la Presencia divina de una forma que los humanos no volverían a ver hasta el ministerio de Jesucristo. Y Dios les dio a Adán y Eva el uno al otro e instituyó el matrimonio y la familia como otra manera de que ellos se disfrutaran entre sí y lo glorificaran a Él.

Parte 1—El hombre es puesto en Edén

□ La tierra antes de Adán Génesis 2:4-6

El relato bíblico de la creación de los cielos y la tie­rra se relaciona directamente con la humanidad y la relación de Dios con su creación. La Tierra fue creada para el ser humano—un lugar de feliz habitación y servicio a Dios. Y el ser humano fue creado para la tierra—para «[labrar] la tierra» (Génesis 2:5).

Antes de Adán, el potencial para la vida vegetal no se había realizado. Dios eligió usar a las personas para cultivar la tierra conforme la vida vegetal crecía y se desarrollaba. Ade­ más, aún no había llovido en el nuevo mundo; más bien, la humedad de la tierra provenía de un «vapor» o «manantiales» (v. 6, ntv) que regaban la tierra.

Génesis 2:7 revela similitudes y disparidades cuando Dios creó a Adán y cuando creó otros seres vivientes. La acción de Dios en la que «formó» a Adán se describe con la misma palabra hebrea que describe la creación de los animales y las aves en el versículo 19. La materia prima que usó, la «tierra», también es la misma (1:24; 2:7). Si bien la misma palabra hebrea se usa para formar al hombre en el versículo 2:7 y a los animales en 1:24, la creación de Adán fue muy diferente a la de los animales. Ninguna otra criatura viviente recibió el toque personal de Dios como Adán cuando Dios sopló «aliento de vida» en su nariz (Génesis 2:7).

Dios plantó un huerto para Adán (y más tarde para Eva) (Génesis 2:8) en una región de Mesopotamia llamada «Edén», una palabra que significa felicidad o deleite. Adán estaba seguro y tenía alimento, sin necesidad de ropa que vestir ni una casa en que vivir.

Parte 2—El hombre solo en el Edén

□ La vivienda está preparada Génesis 2:9-14

Dios satisface las necesidades de su pueblo, y lo ha hecho desde el principio. Preparó árboles con frutos sabrosos y nutritivos (Génesis 2:9). El amor de Dios por su pueblo se extiende más allá de las necesidades de supervivencia. Los árboles eran también «hermo­ sos a la vista» (v. 9, ntv).

En medio del huerto, Dios colocó dos árboles. El fruto del árbol de la vida daba el poder de vivir para siempre (Génesis 3:22). Este árbol aparece también en el libro de Apo­ calipsis, donde su fruto es una recompensa para los vencedores, y sus hojas proporcionan sanidad de las naciones (Apocalipsis 2:7; 22:2). El otro árbol en medio del huerto era el árbol del conocimiento del bien y del mal. Originalmente, Adán y Eva no tenían este cono­ cimiento, pero lo adquirirían—así como las consecuencias.

El río que regaba el jardín se dividía en cuatro brazos (Génesis 2:10). El Pisón, cuyo nombre significa «el que fluye plenamente»; fluía alrededor de una tierra llamada «Havila» (v. 11), probablemente al suroeste de Arabia. Se conocía por su oro puro, resinas aromá­ ticas (goma perfumada) y piedras de ónice (v. 12, ntv). El segundo brazo era el Gihón, que significa «el río que brota» (v. 13). Rodeaba toda la tierra de Cus, la mitad meridional de Arabia. El tercer brazo era el veloz Tigris—de una palabra persa que significa «flecha»

(v. 14, ntv). Corría al oriente de Asur, una antigua capital de Asiria. El cuarto brazo, el Éufrates, a menudo llamado «el río» (1 Reyes 4:21,24). Los cambios provocados por el Diluvio, así como por los terremotos, hacen que la ubicación de los ríos sea incierta.

□ Un propósito y una prohibición Génesis 2:15-17

La tarea original de Adán era labrar la tierra y cuidar y podar los árboles (Génesis 2:15). Además, debía custodiar, o mantener el jardín, quizá protegiéndolo de los animales que pastaban o incluso de la actividad de Satanás.

Dios generosamente dio a Adán (y más tarde a Eva) la abundante provisión de fruto «de todo árbol» (Génesis 2:16) del Edén excepto el árbol del conocimiento del bien y del mal. La generosa provisión de Dios a los seres humanos hizo que su desobediencia fuera aun más trágica, ya que su pecado contrastó con Su bondad. Dios había advertido que el comer del árbol del conocimiento resultaría en muerte (v. 17). La muerte espiritual sería inmediata, al reemplazarse la confianza ante Dios por el miedo. La muerte física ocurriría con el tiempo, ya que perderían el acceso al árbol de la vida.

Parte 3-EI hombre y la mujer en el Edén

□ Una ocupación única para Adán Génesis 2:18-20

Dios declaró: «no es bueno que el hombre [Adán] esté solo» (Génesis 2:18). Aunque Adán era «bueno en gran manera» (1:31), no estaba completo. Necesitaba una ayuda idónea, alguien que le proporcionara compañía, asistencia y la fisiología complementaria para producir juntos una descendencia.

La primera tarea asignada a Adán, más allá de cuidar del huerto fue ponerle un nom­bre a todos los animales (Génesis 2:19,20). Como su Creador, Dios podía traerlos a Adán de la misma manera que posteriormente los traería a Noé para su preservación en el arca (6:20). El honor de dar nombre a la creación de Dios también confirmó la autoridad que Dios concedió al ser humano para gobernar otras formas de vida (véase 1:28) y demostró la capacidad intelectual de Adán. Observó a cada uno, considerando sus características y comportamiento, y les dio nombres adecuados. No hay diálogo registrado aquí entre Dios y Adán, pero este es el primer ejemplo del uso que hizo Adán de su capacidad para hablar.

Ninguna de las criaturas presentadas a Adán podía servirle de ayuda idónea (2:20). Al ver machos y hembras de los diversos animales, Adán probablemente sintió la falta de una compañía que fuera como él—un ser humano, hecho también a imagen de Dios (1:26,27). El macho y la hembra de todos los demás animales, pájaros y peces fueron creados al

mismo tiempo, pero Dios tenía un plan único para la creación de la hembra humana, para unir al hombre y a la mujer de una manera no vista en las demás criaturas.

□ Dos de un tipo Génesis 2:21-25

El plan de Dios para crear a la mujer comenzó cuando hizo caer a Adán en un «sueño profundo» (Génesis 2:21)—el cual algunos han interpretado como un estado de trance o de visión. La palabra traducida como «costilla» en la mayoría de las versiones bíblicas se traduce como «costado». Dios no formó a la mujer directamente de la tierra, como hizo con el hombre, sino directamente del tejido vivo del hombre (v. 22).

Dios instituyó el matrimonio cuando trajo su obra terminada al hombre. La excla­mación de Adán —«¡Al fin!» (v. 23, ntv)— viene después de haber dado nombre a una procesión de criaturas vivientes, pero en la que no encontró ninguna como él, ninguna que lo completara. Hecha de su propia sustancia, ella era como él física, mental y espi­ ritualmente—ideal para ser su compañera. Adán la designó como «Varona»—tomado de «varón». Más tarde la honró llamándola Eva, «por cuanto ella era madre de todos los vivientes» (3:20).

La unión del hombre y la mujer por el Creador es el fundamento del matrimonio. El hombre deja su familia de origen para establecer una nueva familia. Se une a una mujer que experimentará su afecto, cuidado y fidelidad para toda la vida. Serán «una sola carne», uniendo nuevamente lo que fue dividido cuando la mujer fue tomada del hombre (v. 24). Jesús citó el versículo 24 en Mateo 19:4-6. En el matrimonio, un hombre y una mujer son unidos por el Dios que los creó, una unión que no debe disolverse por el hombre, la mujer o ninguna otra persona. Adán y Eva vivieron en el Edén sin ninguna vergüenza de su desnudez (Génesis 2:25).

¿Qué nos dice Dios?

Dios dio a Adán y Eva todo lo que necesitaban, incluyendo la comunión y el compañe­rismo entre sí. Adán caminaba con Dios, y disfrutaba de la comunión con alguien hecho de su misma carne y hueso. Dios continúa supliendo nuestra necesidad de compañía hoy, respondiendo a nuestro deseo de tener una relación con Él y bendiciendo la unión del hombre y la mujer en el matrimonio

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Por Editorial VIDA

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