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La vida bendecida por Dios , El bendice a quienes lo escu­chan, le creen y le obedecen.

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Las enseñanzas de Jesús fueron revolucionarias en su época, y todavía lo son hoy. Vivir como Jesús nos enseñó es contracultural. Amar a nuestros enemigos es lo contrario de lo que nuestra naturaleza humana quiere hacer. Regocijarse en la persecución parece impensable, y hacemos todo lo posible para evitarla. Sin embargo, Jesús nos llama a separarnos de nuestra cultura y mostrar una forma diferente de vivir.

Muchas veces describimos nuestras bendiciones en términos de familia, amigos y bienes materiales. Si bien todas estas son bendiciones de nuestro Padre celestial, mucho de lo que recibimos es intangible, como el perdón y la misericordia.

Las Bienaventuranzas, describen cómo experi­ mentamos las bendiciones de Dios. El creyente que sigue creciendo y pareciéndose más a Jesús desarrolla gradualmente actitudes y frutos espirituales (véase Gálatas 5:22,23) que le permiten disfrutar de las ben­ diciones que Dios da gratuitamente.

Parte 1—Vivir con el favor de Dios

□ Obediente y bendecido Mateo 5:1-12

En las Bienaventuranzas, Jesús identificó ocho prin­ cipios del Reino que resultan en las bendiciones de Dios. Muchos de estos principios van en contra de la filosofía del mundo, pero Dios quiere que su pueblo sea diferente.

1. Dios bendice a «los pobres en espíritu» (Mateo 5:3; «a los que son pobres en espí­ ritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él», n t v ). Aquí pobre no se refiere a la condición socioeconómica, sino a la comprensión de que no tenemos justicia propia.

2. Dios bendice a «los que lloran» (Mateo 5:4). Si bien es cierto que Dios nos consuela en nuestro dolor, este duelo es por el pecado en nuestra vida y en el mundo caído.

3. Dios bendice a «los mansos» (Mateo 5:5; «los que son humildes», ntv). Los únicos individuos descritos como «mansos» son Moisés (Números 12:3) y el mismo Jesús (Mateo 11:29; 21:5). La mansedumbre no es debilidad, sino fuerza bajo control.

4. Dios bendice a «los que tienen hambre y sed de justicia» (Mateo 5:6). La palabra griega para «justicia» implica una justicia que viene solo de Dios. Reconocer Su santidad provoca un anhelo del tipo de justicia que está disponible en Jesús (véase 2 Corintios 5:21). 5. Dios bendice a «los misericordiosos» (Mateo 5:7). Cuando reconocemos la mise­ ricordia que Dios ha derramado sobre nosotros, debemos conceder misericordia a quienes nos han agraviado. Jesús ampliará este ciclo de perdón más adelante (véase 6:14,15).
6. Dios bendice a «los de limpio corazón» (Mateo 5:8). Los líderes religiosos ponían mucho énfasis en la pureza y limpieza exterior, pero Jesús quiere que nuestro comporta­miento exterior refleje la pureza que resulta de Su obra en nuestra vida.
7. Dios bendice a «los pacificadores» (Mateo 5:9). Como creyentes, estamos llamados a ayudar a otros a encontrar la paz con Dios que nosotros hemos encontrado: «[Dios] nos dio el ministerio de la reconciliación» (2 Corintios 5:18).
8. Dios bendice a «los que padecen persecución por causa de la justicia» (Mateo 5:10). Vivir según los principios de Dios nos pone en conflicto directo con aquellos que viven según las normas del mundo. Cuando somos perseguidos por causa de Jesús, debemos regocijarnos. Después de ser interrogados, azotados y amenazados, Pedro y los apóstoles «salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre» (Hechos 5:41). Jesús les advirtió que sufrirían burla, persecución y difamación (Mateo 5:11), añadió: «Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos» (v. 12).

□ Sal y luz Mateo 5:13-16

Jesús declaró que sus seguidores eran «la sal de la tierra» (Mateo 5:13). La sal se usaba para dar sabor y conservar los alimentos. Era tan importante que se usaba como moneda. Asimismo, aquellos que fielmente sirven a Dios son sumamente valiosos para la sociedad. Jesús contrasta el valor de la sal cuando se usa correctamente con su inutilidad cuando no está cumpliendo su propósito. Podemos ser valiosos o inútiles—tanto para nuestra socie­ dad como para el reino de Dios.

Luego Jesús declaró que sus seguidores eran «la luz del mundo» (v. 14). La luz no solo se puede ver claramente, sino que también ilumina otras cosas. Cuando la luz de los creyentes resplandece a la vista de todos, «[verán] vuestras buenas obras» (v. 16), y los que viven en la oscuridad notan el contraste entre su vida y la vida de quienes lo siguen a Él.

Parte 2—Practicar la justicia que agrada a Dios

□ La pertinencia de la Ley Mateo 5:17-20

El desdén de Jesús por el comportamiento de los fariseos no era un rechazo de la Ley misma. Distinguió cuidadosamente entre la Ley y las prácticas santurronas de los fariseos, valorando mucho la Ley. Él dijo que si «ignoramos el mandamiento más pequeño y ense­ ñamos a otros a hacer lo mismo» (Mateo 5:19, n t v ), seríamos los más pequeños en el reino de los cielos. No estaba diciendo que seguir la Ley era el medio por el cual entramos en el reino de los cielos, sino que la Ley refleja el tipo de vida que debemos vivir cuando somos parte de Su reino. La Ley va mucho más allá del comportamiento externo.

El objetivo de Jesús era llevar a cada persona a una relación correcta con Dios—algo que les faltaba a los maestros religiosos. Él logró esto al convertirse en el Sacrificio supremo y recibir el castigo por nuestros pecados (véase v. 20; véase también Juan 16:10).

□ El mensaje más profundo de la Ley Mateo 5:21-30

Jesús dijo que, si tenemos ira en nuestro corazón hacia alguien, somos «culpable de juicio», como si hubiéramos cometido el acto de asesinato (Mateo 5:22). La ira puede conducir a la amargura, la difamación, los insultos, el odio, o incluso el asesinato mismo.

Jesús nos instruyó que reparáramos las relaciones rotas antes de adorar a Dios. Sólo podemos cumplir la intención del mandamiento original resolviendo conflictos y haciendo las paces con nuestros hermanos y hermanas en Cristo (w. 23-26).

Jesús dirigió su atención al siguiente mandamiento que prohibía el adulterio. Él expande el concepto más allá del sexo extramatrimonial para incluir miradas y pensa­ mientos lujuriosos, yendo tan lejos como para decir que las personas deberían sacarse los ojos lujuriosos y cortarse las manos pecaminosas. El uso de la hipérbole dramática de Jesús ilustra la seriedad del problema.

Parte 3 – Demostrar su fidelidad a Dios

□ El compromiso es importante Mateo 5:31-37

De todos los compromisos terrenales que la gente hace, el matrimonio es el más vincu­ lante. Aunque el concepto de divorcio había entrado en la comunidad israelita a causa del pecado, no era parte del plan de Dios (véase Mateo 19:8). Dios no ha cambiado su punto de vista. Él quiere que los esposos y las esposas cumplan sus promesas entre ellos y con Él.

Jesús luego abordó otros tipos de votos. Mientras que algunos votos registrados en el Antiguo Testamento se hicieron por absoluta obediencia y amor a Dios, otros fueron un intento de negociar con Dios. Los fariseos distinguían entre juramentos hechos en el nombre de Dios (que eran totalmente vinculantes) y aquellos en que juraban por las cosas creadas (que podían ser revocados). Sin embargo, en todo juramento participa Dios. Las personas a veces usan el nombre de Dios para dar más peso a sus juramentos, pero Jesús dijo que nuestra sola palabra debería ser suficiente.

□ El amor es importante Mateo 5:43-58

Según el Antiguo Testamento, si alguien hería a otra persona, la parte ofendida podía tomar represalias con la misma medida. Este sistema puede haber disuadido el crimen en la recién formada nación de Israel, pero el reino de los cielos es diferente. En lugar de dejar que las ofensas controlen nuestras acciones, deberíamos usar esas ofensas como medios para mostrar amor y generosidad al ofensor.

Jesús amplió el concepto de amor para incluir a los enemigos. Esta era, y es, una enseñanza revolucionaria. De hecho, todavía lo es. Los seguidores de Jesús deben de estar dispuestos a perdonar a aquellos que nos odian y ver a nuestros «enemigos» como Dios los ve. Jesús desafió a sus seguidores: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto» (Mateo 5:48). La palabra «perfecto» significa «crecido, maduro y completo». Si bien la perfección sin pecado es inalcanzable en esta vida, nuestra meta inquebrantable debería ser mostrar el mismo tipo de amor que Dios muestra.

Qué nos dice Dios?

El primer sermón registrado de Jesús explica el deseo de Dios de bendecir a su pueblo y establece las normas para la ciudadanía en el reino de los cielos. Muchos de estos princi­ pios del reino van en contra de nuestra cultura moderna. El reino de los cielos está poblado por personas humildes, amorosas, pacíficas y generosas. Son personas íntegras que reflejan el corazón de Dios.

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Por AsambleasMEX

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