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LOS SACRIFICIOS Y LAS OFRENDAS : Los sacrificios del Antiguo Testamento prefiguraron el sacrificio perfecto de Cristo

es apro­piado que veamos los diversos sacrificios y ofrendas que Dios prescribió. Cada uno tenía un propósito específico para el pueblo de Israel, y cada uno se cum­ plió de forma única en la obra de Jesucristo. Él dijo: «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cum­ plir» (Mateo 5:17). En ninguna parte es esto más claro que en la manera en que cumplió el sistema de sacri­ ficios del Antiguo Testamento.

Los sacrificios del Antiguo Testamento prefiguraron el sacrificio perfecto de Cristo.

Efesios 5:2 Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante

Hoy no ofrecemos sacrificios de animales, pero los sacrificios del Antiguo Testamento anunciaban el sacrificio de Cristo en la cruz. Su sacrificio nos ha dado el perdón de los pecados y el acceso a Dios. Gra­cias a Jesús, podemos venir a Dios con nuestros sacri­ ficios de alabanza y acción de gracia. En vez de ser rituales laboriosos, estos sacrificios reflejan el anhelo del adorador de tener una relación con Dios. Permita que esta realidad lo desafíe a servir a Dios fielmente.

Parte 1—Sacrificios para la purificación 1

□ Holocausto Levítico 1:1-17; Efesios 5:2

Para el holocausto, los sacerdotes podían usar animales de la manada (ganado vacuno), del rebaño (ovejas o cabras) o aves (tórtolas o palominos) (Levítico 1:3,10,14). Si el sacri­ ficio era de la manada o del rebaño, tenía que ser un macho sin defecto (w. 3,10). Las aves podían ser de cualquier género (v. 14). El animal entero (a excepción de la piel o el buche del ave) se quemaba en el altar. Estos sacrificios traían «expiación» (v. 4), pero no satisfacían plenamente las demandas justas de Dios. Así como el holocausto era un «olor grato para Jehová» (Levítico 1:9), el sacrificio de Jesús por nuestros pecados fue un «olor fragante» para Dios (Efesios 5:2). El sacrificio de Jesús fue completo y restauró la relación de la humanidad con Dios. Lo que prefiguraban los holocaustos, Jesús lo cumplió.

□ Ofrenda por el pecado Levítico 4:1 a 5:13; Efesios 1:7; Apocalipsis 1:5

La ofrenda por el pecado era para aquellos que tomaban conciencia de su pecado y estaban verdaderamente arrepentidos. Estos sacrificios cubrían sólo los actos que no se realizaban en rebelión deliberada contra Dios. Las ofrendas por el pecado de un sacerdote o para toda la comunidad eran más costosos (Levítico 4:3-12). Cualquier persona que estaba consciente de que había pecado, debía ofrecer un sacrificio por su pecado para obtener el perdón (v. 35).

El sacrificio de animales prefiguró el sacrificio perfecto de Cristo. El único remedio verdadero para el pecado requería la muerte del Hijo de Dios que no tiene pecado. A través de Él tenemos la «redención» (Efesios 1:7). Él pagó el rescate para comprar nuestra liber­ tad. Aquellos que aceptan a Cristo como Salvador experimentan la libertad de la esclavitud del pecado. Toda gloria se debe a Aquel «que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre» (Apocalipsis 1:5).

□ Ofrenda por la culpa Levítíco 5:15-19; Romanos 8:1-4

La ofrenda por la culpa parecía tratar con las transgresiones relacionadas con el taberná­ culo o sus sacrificios (Levítico 5:15). Este pecado era un acto de infidelidad que denigraba el nombre de Dios. Incluso si el creyente no era consciente de que había pecado, todavía era culpable ante Dios. Con esta ofrenda, la necesidad del perdón era satisfecha (v. 18). Si nuestro pecado ha causado daño, debemos hacer restitución. De lo contrario, permanece la culpa. La culpa atormenta a la raza humana. Todos somos pecadores por naturaleza y por elección, pero a veces los creyentes que han sido perdonados experimentan una culpa falsa. Pablo nos asegura que «ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1). Jesús es también nuestra ofrenda por la culpa.

Parte 2-0frendas de acción de gracias

□ Ofrenda de grano Levítico 2:1-16; Romanos 12:1-2

Los sacrificios y las ofrendas también proporcionaban formas de expresar gratitud a Dios. La ofrenda de carne o grano consistía en harina, aceite e incienso. El sacerdote quemaba una porción (un memorial) de cada elemento en el altar y se reservaba una porción para sí mismo (Levítico 2:1-3). Las tortas u hojaldres cocidos sin levadura también podían usarse (w. 4,5). Se usaban los mismos ingredientes básicos, pero sin el incienso, el cual era cos­ toso. Al permitir ofrendas cocidas sin incienso, Dios hacía provisión para los pobres. Una parte era quemada en el altar, y el sacerdote se comía el resto (w. 9,10). Las ofrendas no podían incluir levadura o miel (v. 11). La levadura generalmente se asocia con la corrup­ ción, y la miel ayudaba a la fermentación. También podían ofrecer las «primicias» de su cosecha (w. 12,13). Las ofrendas de grano mostraban agradecimiento a Dios.

Ahora podemos traer ofrendas de adoración a Dios y ofrecernos nosotros mismos «en sacrificio vivo, santo, agradable» (Romanos 12:1). Él nos transformará y nos ayudará a conocer su voluntad (Romanos 12:2).

□ Ofrenda de paz Levítico 3:1-17; Efesios 2:13-16

Aunque la ofrenda de paz no requería un animal de un género específico, este tenía que ser «sin defecto» (Levítico 3:1). El adorador ponía sus manos sobre la cabeza del animal, lo sacrificaba, y luego el sacerdote aplicaba la sangre al altar. Tanto el sacerdote como el adorador comían de esta ofrenda (véase Levítico 7:13,14). Era una ocasión de gozo.

Pablo les recordó a los creyentes gentiles de Éfeso que en un tiempo habían estado separados de Dios a causa de su pecado. Pero Cristo los había llevado a una relación correcta con Dios (Efesios 2:13), para que pudieran estar cerca de Él. Jesús es nuestra ofrenda de paz (v. 14). Él restaura la comunión entre nosotros y Dios y con los demás.

Cristo abolió las «enemistades» entre judíos y gentiles. La «pared intermedia de sepa­ ración» (Efesios 2:14; muro de hostilidad, ntv) puede referirse a la pared que separaba el atrio de los gentiles del templo propiamente dicho o a la Ley. Cualquiera que sea la barrera, Cristo destruyó lo que separaba a los judíos de los gentiles a través de su muerte (v. 15). Cristo creó «en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo» (w. 15,16). El sacrificio de Jesús produjo lo que prefiguraba la ofrenda de paz—la reconciliación con Dios y con los demás.

¿Qué nos dice Dios?

Jesús fue el Sacrificio perfecto para perdonar nuestros pecados y restaurar nuestra rela­ción con Dios. Deberíamos ofrecer sacrificios de adoración y acción de gracias conforme vivimos para Él.

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